lunes, 29 de junio de 2009

San Julián de los Prados

'Ramiro heredó empero de su predecesor (Alfonso II) algo más que problemas aletargados por decenios. Heredó su gusto por la construcción de iglesias y palacios. Me he permitido creer que heredó de él incluso un arquitecto de talento. Aludo al constructor de la Cámara Santa, que probablemente labró después Santa María de Naranco'.
'He conjeturado antes que debemos ambos edificios a un mismo maestro genial, por el parentesco genético que los une; parentesco que se ha explicado exponiendo al incógnito arquitecto ramirense inspirándose en la Cámara Santa y que me parece más verosímil atribuir a la unidad de constructor'.
[Claudio Sánchez Albornoz: 'Orígenes de la Nación Española. El Reino de Asturias', Editorial Sarpe, 1985, páginas 210-211]
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Está considerado como el templo más grande y mejor conservado de todos cuantos existen en España anteriores al románico. Su fecha de edificación, parece corresponder con el año 820, situándose, pues, durante el reinado de Alfonso II el Casto.
Asociada a este soberano -que ha pasado a la Historia como uno de los más grandes gobernantes del reino astur- se localiza, también, la leyenda de la Cruz de los Ángeles que, junto con la Cruz de la Victoria utilizada por Don Pelayo en la batalla de Covadonga, conforman dos de los elementos ornamentales propiamente cristianos, que con mayor frecuencia encontraremos en la gran mayoría de construcciones prerrománicas del Principado, donde destacan referencias artisticas de índole visigoda.
Llaman poderosamente la atención en este tipo de construcciones religiosas, no tanto quizás por su efecto estético -que no es poco- como por la perfección de su ejecución, las celosías que jalonan uno de los laterales, así como la parte trasera del templo. Sobre dichas celosías, recae el mérito -teniendo en cuenta, que estamos hablando de un periodo histórico comprendido entre los siglos IX a XI- de estar realizadas en piedra arenisca de una sola pieza. Al referirnos a ellas, pues, es bueno saber que estamos hablando de auténticas obras de Arte, cuyos originales, en su mayor parte -al menos en cuanto se refire a San Miguel de Lillo- se conservan en el Museo Provincial de Oviedo.
En San Julián de los Prados, y dentro de la geométrica distribución de los elementos que conforman las mencionadas celosías, observamos lo que bien pudiera ser uno de los primeros antecedentes de la cruz de ocho beautitudes, modelo de cruz utilizado siglos después, indistintamente, por dos de las órdenes militares y religiosas más famosas y relevantes de la Edad Media: el Temple y el Hospital.
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