La catedral vieja de Salamanca
P oder disfrutar, aunque sólo sea en parte, de este magnífico y metafórico ulises que es la catedral vieja de Salamanca, tal vez no se deba tanto a una cuestión de suerte, y sí, quizás, a un momento de debilidad piadosa de esa inflexible hilandera de circunstancias, causalidades y destinos que gobiernan los abismos más profundos del inconsciente humano, que ya los grandes genios clásicos nos presentaban como Parca . Parca sería, si aplicamos los sinónimos de pobre, corta o escasa, esa parte de románica idiosincrasia que, no obstante, con un sólo vistazo, nos induce a soñar o cuando menos a imaginar, cómo pudo ser, en todo su esplendor, una grandiosa obra de arte levantada ad maiorem gloriam Domine, siguiendo los patrones sagrados del tratamiento de la piedra, cuyo modelo básico lo constituía el arquetipo divino de aquél que, con posterioridad al año 70 a. de C. fuera arrasasado por las legiones romanas y la posteridad consideró como el templo de templos: el templo de Sa...