Saliendo de Navas de Bureba, y en dirección a Pancorbo y Logroño, sin abandonar las inmediaciones de los Montes Obarenes, se localiza el pueblo de Soto de Bureba. Para llegar a él, es necesario tomar el desvío en Quintanilla Cabe Soto y seguir unos tres o cuatro kilómetros la carretera. Merece la pena hacerlo, desde luego, porque en su parroquial -no confundir con otra previa, que se encuentra en estado ruinoso-, tendremos la oportunidad de contemplar una de las portadas más extraordinarias y alucinantes de la provincia: la portada de la iglesia de San Andrés.
Podríamos situar la construcción de ésta iglesia, a principios o mediados del siglo XII, según figura en una inscripción, fechada en 1176, que también contiene el nombre de sus autores -Pedro Ega y Juan Miguélez-, aunque quizás su origen sea muy anterior, levantándose en el lugar donde previamente hubiera estado algún templo o monasterio anterior, idea que puede venir sugerida por la contemplación de algunos restos reutilizados que se pueden apreciar, sobre todo, en la zona del ábside.
Vista en su conjunto, la iglesia de San Andrés ofrece un curioso aspecto y no habría que descartar, tampoco, que hubiera constituído en aquéllos nebulosos tiempos una especie de iglesia-fortaleza, dada la actividad pionera y en constante enfrentamiento con los musulmanes, característica de la zona. Antes de llo, se tiene constancia de la presencia romana en la zona, como demuestran no sólo algunas ruinas, sino también las numerosas lápidas funerarias descubiertas, por ejemplo, en parcelas cercanas -en 1916, un vecino de Quintanaélez descubrió una, que fue adquirida por el Museo arqueológico del Colegio de Oña, y decía A los dioses Manes, Primula y Lascina pusieron esta memoria a Gemelina, su hija, de edad de cinco años. Adiós. Séate la tierra ligera-, muy similares, todo sea dicho como dato recopilatorio, a aquéllas otras descubiertas en diferentes lugares de la Península, como en la iglesia de San Vicente de Serrapio, en el concejo asturiano de Aller. Constancia hay, así mismo, y este puede ser un dato relevante, de la existencia, en las proximidades del altozano denominado como la Cerca, de una pequeña ermita o santuario dedicado a Nª Sª de la Peña; una advocación que, ciertamente, puede vincularse con los cultos hacia las Vírgenes Negras o, en definitiva, a la figura ancestral de la Gran Diosa Madre.
Vista en su conjunto, la iglesia de San Andrés ofrece un curioso aspecto y no habría que descartar, tampoco, que hubiera constituído en aquéllos nebulosos tiempos una especie de iglesia-fortaleza, dada la actividad pionera y en constante enfrentamiento con los musulmanes, característica de la zona. Antes de llo, se tiene constancia de la presencia romana en la zona, como demuestran no sólo algunas ruinas, sino también las numerosas lápidas funerarias descubiertas, por ejemplo, en parcelas cercanas -en 1916, un vecino de Quintanaélez descubrió una, que fue adquirida por el Museo arqueológico del Colegio de Oña, y decía A los dioses Manes, Primula y Lascina pusieron esta memoria a Gemelina, su hija, de edad de cinco años. Adiós. Séate la tierra ligera-, muy similares, todo sea dicho como dato recopilatorio, a aquéllas otras descubiertas en diferentes lugares de la Península, como en la iglesia de San Vicente de Serrapio, en el concejo asturiano de Aller. Constancia hay, así mismo, y este puede ser un dato relevante, de la existencia, en las proximidades del altozano denominado como la Cerca, de una pequeña ermita o santuario dedicado a Nª Sª de la Peña; una advocación que, ciertamente, puede vincularse con los cultos hacia las Vírgenes Negras o, en definitiva, a la figura ancestral de la Gran Diosa Madre.
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