jueves, 27 de octubre de 2016

Salamanca: iglesia de San Juan de Barbalos


También del siglo XII y así mismo, perteneciente a la orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, la iglesia de San Juan Bautista o San Juan de Barbalos, conforma otra reliquia románica, digna de ser tenida en consideración. Situada en la plaza que lleva su nombre, no lejos de aquélla otra dedicada a la mística avulense del Siglo de Oro, Santa Teresa de Jesús –lugar, donde, por cierto, a cuya vera aprovechan los hosteleros para colocar sus terrazas en verano-, a diferencia de la de San Cristóbal, su planta nos remite a uno de los modelos básicos del románico en general: ábside o cabecera semicircular y nave rectangular, si bien se aprecian modificaciones posteriores en su lado oeste, con la inclusión de un tramo más, a continuación de la espadaña, que suple lo que en origen podría haber sido la carencia de un espacio para el coro. Es, precisamente, en el interior de este tramo, donde, incomprensiblemente, se puede contemplar, en la penumbra, uno de los Cristos románicos mejor conservados y con fama de muy milagrero de la capital salmantina: el Cristo de la Zarza. De sus portadas –dos, que se puedan apreciar-, sólo cabe hacer suposiciones. Está claro que la portada abierta a poniente, es relativamente moderna y no tiene importancia artística y estética ninguna; detalle, no obstante, que permite preguntarse si el templo, originalmente, contaba con una portada en dicho lugar, y de ser así, qué ocurrió con ella.

Resulta evidente, así mismo, que aunque original, a la portada que se abre en el lado sur de la nave, le faltan, cuando menos, algunos elementos, como los capiteles –labrados, presumiblemente- en número de dos por cada lado inferior del arco. Este lado sur y el ábside, todavía conservan, no obstante y con mayor o menor grado de deterioro, buena parte de los canecillos historiados que formaban parte del mensario original. En ellos, se pueden apreciar elementos conocidos, pero no por ello interesantes, como pueden ser el hombre-verde –que a diferencia del de San Cristóbal, por los dos cuernos que muestra, se podría relacionar con la figura arquetípica de Pan-, el músico y la bailarina, cabezas zoomórficas, entre las que destaca, por su simbolismo, la figura de la cabra, figuras antropomórficas, monstruosas y vegetales. Austeramente foliáceos son, además, los motivos de los capiteles, tanto exterior como interiormente, si bien, en el interior, y además de la referida figura del Cristo de la Zarza, se conserva también una magnífica Virgen con Niño, gótica y coronada, que porta una curiosidad en su mano izquierda: tres pequeñas bolitas de color rojo, que podrían ser, si en los frutos y comparativamente nos basamos, un racimo de cerezas.

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