lunes, 5 de octubre de 2009

El enigmático atlante de San Pantaleón


A veces, cuando la niebla es intensa y cubre parte de esta Merindad de Losa, se puede contemplar, cual legendario Holandés Errrante, la fantástica quilla pétrea de la impresionante formación rocosa que se conoce como la Peña Colorada. Proveniente de los valles que se extienden a sus pies, el viento porta consigo balidos lastimosos, ladridos imperiosos e incluso clara -como el agua cristalina de un arroyo de montaña- la voz del pastor que azuza con su cayado a un rebaño de ovejas que, después de campar todo el día a sus anchas, siente ahora la imperiosa necesidad de regresar a la protección del redil.

Fuera del tendido eléctrico y sus conocidos fenómenos de estática, unos ojos observan, a través del cristal de la ventana del hogar, las misteriosas luces que danzan intermitentemente por los alrededores de la ermita de San Pantaleón, y las identifica, a la vez que se santigua, con fuegos fatuos cuyo enigmático origen desconoce, pero que prefiere seguir ignorando. Y no obstante, siente un leve estremecimiento recorrer todo su cuerpo, cuando recuerda una extraordinaria leyenda que se conoce a todo lo largo y ancho de las Merindades; una leyenda de la que se ignora el origen, pero que ha sido transmitida de padres a hijos durante generaciones.

En su opinión, recordar conlleva, de alguna forma, volver a vivir. Siente a los ratones corretear por el suelo de madera del desván, y recuerda también que allí, cubierto de polvo y telarañas, hay un baúl con trastos viejos; reliquias de tiempos que no fueron ni mejores ni peores que los actuales, como suele pensar la mayoría de la gente, y sí únicamente pretéritos. ¿Acaso no lo presentían algunos poetas, como aquél genial Jorge Luis Borges?. ¿Qué decían -se preguntó- aquéllos curiosos versos de un pequeño libro de poesía que guardaba precisamente en aquél viejo baúl?. ¡Ah, sí!: ¿dónde estarán, pregunta la elegía de quienes ya no son, como si hubiera una región en que el Ayer pudiera ser el Hoy, el Aún y el Todavía...? (1) .
El tiempo puede cambiar los hábitos, pero no al peregrino; puede desgastar la piedra de una iglesia, pero no cambiar su mensaje original...
[continuará]



(1): Jorge Luis Borges, 'Antología Poética', Alianza Editorial, Primera Edición, 1981.

3 comentarios:

KALMA dijo...

Hola! Has estado trasteando y has envejecido las imágenes, queda muy bien, si me apuras se ven mejos las trazas. Los capiteles, que impresionantes, las formas, la calavera... y las tres caras que hay sobre el arco de una ventana ¡Parecen enfadadas! Y como no es bastante críptico, le plantas la banda sonora de "Expediente X", porque no te conocieron los de la serie, que sino, jjjjj. Oye, cual es la leyenda que se ha trasmitido de generación, en generación. Abrazos.

juancar347 dijo...

Es verdad, todo muy críptico. El tema lo merece; en realidad, no hay leyenda real, pero sí algunas curiosas afirmaciones, de manera que estate atenta...

KALMA dijo...

Uy! "En realidad, no ha leyenda real" ¿No me digas? jjjj, aunque cuando el río suena.... ¡Estaré atenta!