En el paisaje, es el alma del artista lo que debe reflejarse, solía afirmar, con absoluta convicción, Caspar David Friedrich, uno de los grandes representantes del romanticismo pictórico alemán. El tiempo, sin duda el mayor y a la vez el más hábil de los ladrones, no ha consentido -siquiera susurrándolo en un momento de involuntaria debilidad- hacernos llegar el nombre del artista que, aproximadamente por los idus del año 1136, imaginó lo que en un principio se denominó como el monasterio de Sancta Maria de Termis.
Ahora bien, si se desconoce el nombre, así como el origen de aquél misterioso maestro que desarrolló parte de su técnica y de su arte en aquél punto donde se sabe que confluían importantes calzadas utilizadas durante siglos, indistintamente, por bárbaros, moros y cristianos -siendo las principales, aquéllas que iban de Segontia a Uxama y de Tiermes a Septempublicam (Sepúlveda)- después de un vistazo, no entra dentro de lo ignoto, visualizar parte del alma, o al menos la suficiente esencia de la misma, que éste quiso que fuera, más que su nombre, el fiel reflejo y legado de su personalidad.
A lo mejor resulta que sí, que el viento que se cuela a través de esa rememoración simbólica de las puertas de Jerusalén que conforma su galeria porticada, señale, a la vez que ejerce su función erosiva, la firma de este maestro. Pero en la actualidad, ya es tarde, por no decir imposible, identificarla en ese repugnante e impío maremágnum de graffitis modernos, que delatan una irrespetuosa y bárbara acción, de gente que luego retorna a casa contándole a sus amistades lo maravilloso que es el lugar.
Imaginémonos, pues, que en la mente de nuestro maestro desconocido, fue tomando cuerpo la idea fundamental de una iglesia y una hospedería, cuyos restos, en mayor o en menor medida conservados, aún se pueden vislumbrar hoy en día.
La hospedería dispondría, básicamente, de varios edificios sencillos, donde el peregrino encontraría camastro y lavadero, y que estarían situados en paralelo a la galería porticada de la iglesia el primero, y cerrando la cuña, plantando cara a la formidable espadaña aunque un poco ladeado hacia la izquierda, el segundo. Una espadaña que, viéndose en la distancia, sería como un faro para el peregrino que, a medida que iba acortando la distancia -bien procedente de las duras estribaciones esteparias de la Sierra de Pela, de la recién conquistada San Esteban de Gormaz, o quizás, bajando de Tarancueña o Retortillo- iría observando, cada vez con mayor detalle, la idea hecha realidad del maestro constructor. Una idea que, común a todos los grandes maestros constructores de la época, contendría dos grandes principios filosóficos a tener en cuenta: Arquitectura y Espiritualidad.
De tal forma que, al acercarse y tener la oportunidad de contemplarla en toda su dimensión, el peregrino estaría participando del sueño hecho realidad de nuestro Magister Muri, situado frente a un templo de una sola nave, de forma rectangular, de presbiterio recto y ábside de tambor, entre otras varias características.
Ahora bien, su visión panorámica del templo no quedaría debidamente satisfecha si, atendiendo sólo a niveles arquitectónicos y estéticos, olvidara el mensaje fundamental contenido en ellos. Un mensaje que, conociendo el nivel pedagógico del símbolo, el Magister ha plasmado en la piedra, seguramente recurriendo al subterfugio de los dobles significados para revelar una verdad aparente y otra verdad trascendente u oculta.
Con referencia a ello, posiblemente se fijara, en primer lugar, en las curiosas figuras de los canecillos del ábside: la piña le traería a la mente una posible alusión a la pretendida unión del Cristianismo o un símbolo de inmortalidad; el rostro estúpido y afectado del borracho que porta sobre los hombros un enorme barril, le recordaría el precepto de beber con mesura y a la vez, podría hacerle pensar en ritos de evidente origen pagano, relacionados con divinidades como Baco.
Puede que, quizás, uno de los que le resulte más sugestivo, sea aquél que aparentemente representa una sencilla imagen de carácter cinegético, en la que una rapaz -seguramente un águila- mantiene a una serpiente atrapada en su pico.
¡Fantástico! Como fantásticas son las formas de las "criaturas" que pueblan los capiteles, la imaginación hecha arte. Los 2 caballeros a caballo, lanza en mano. Las marcas en la piedra, cuando he leido modernas, he pensado ¡Un grafiti! Jjjjj. Canecillo por canecillo ¿Qué significaran...? ¿Qué querrían trasmitir? un mundo tan bello, como misterioso. Abrazotes.
Hola, Kalma. Sí, un templo románico siempre constituye no uno, sino dos mundos paralelos que coexisten como si fueran uno: el mundo de la evidencia y el mundo de la apariencia. Los capiteles y los canecillos se prestan a varios significados: el que aparentan ser y el que evidentemente es. Has pensado bien, hay numerosos, muchos graffitis que en la mayoría de los casos han malogrado huellas y símbolos originales. Entre ellos, posiblemente, la marca del magiter muri o maestro cantero. Un abrazo
La acción de las manos bárbaras nos impide, Juan Carlos, reconocer la firma del maestro. Pero no ha impedido que su obra trascienda en el tiempo y que tu imaginación vuele entre la porticada y el lavadero, reconociendo las sombras de los caminantes que allí se guarecieron. ¡Qué bien te sienta el otoño!. Debe ser que el viento suave y la lluvia fina te engrasan la pluma.
Por cierto, los maestros canteros tenían la costumbre de grabar su nombre en la piedra. Pero lo hacían en varios sitios del edificio. Así que es posible que en otra piedra (quizá más escondido) se encuentre el nombre del maestro. Quizá en otro viaje tengas suerte.... Un abrazo.
Hola, Iconos. Sí, es posible que la firma del Magister Muri esté cuidadosa y estratégicamente situada, aunque ya digo, se han cometido tantas barbaridades en sus muros (al menos exteriormente) que va a ser difícil localizarla. Cierto que al menos su obra ha trascendido y ha llegado a nosotros. Otras obras no han tenido tanta suerte. El otoño es una estación que siempre me ha gustado, quizá eso influya también a la hora de escribir. Veremos si la pluma no se desangrasa; de hecho, hay muchas cosas maravillosas y sugestivas en esos Caminos de Dios. A ti, parece que tampoco te sienta mal el otoño. Un abrazo
Unos textos que es una delicia leer, cuando es tan extraño encontrar hoy quien se moleste en escribir para el placer del espíritu.
En cuanto al Magister. La cosa se pone más que difícil, porque el templo ha sufrido ruinas y reconstrucciones diversas. En la propia galería porticada se delata el desaguisado, el rehacerla fue obra de gentes que no conocían el mensaje simbólico, así que, para encajar los capiteles en los pilares, no tuvieron mejor idea que cortarles un tercio de su volumen, eliminando parte de las escenas. Y se quedaron tan panchos. Por su parte, los canes de la nave son distintos de los canes del ábside, de canteros diferentes quiero decir, y quedan esas tres esculturas "guarecidas" dentro de la galería, que evidentemente no son de allí, ni de ese momento.
Así que, ¿quien le pone el cascabel al Magister...?
Maese Alkaest, honor que me hace; pero, en realidad, he tenido buenos maestros, Hablando del placer de escribir para el espíritu, tengo en mente un libro genial de otro Gran Magister que quizás Vd. conozca; se llama Rafael Alarcón Herrera, y entre otras cosas, cada vez que hablo el mencionado libro, tengo el grato honor de recordar una dedicatoria que, realizada al calor de una taza de café en un bar de Puentedey el pasado día 10 de agosto, decía lo siguiente: 'lo importante no es conocer todas las respuestas, sino conocer y comprender bien las preguntas'. Muchas gracias por la aportación, y hasta la próxima en Córdoba (espero), un fuerte abrazo.
El próximo día 2 de junio, la Editorial Nowtilus pondrá a la venta el nuevo libro del prolífico escritor Xavier Musquera: 'Ocultismo Medieval: los secretos de los maestros constructores. Claves y ritos de las primeras logias masónicas medievales'. Xavier forma parte de esa generación especial de investigadores, pioneros en la que podríamos denominar como la España mistérica, junto a Juan García Atienza, sentando las bases de una escuela de invetigación de la que se han nutrido posteriores generaciones de investigadores. Autor de libros como 'La espada y la cruz' o 'Los Cátaros', entre otros muchos títulos, su nueva obra augura un apasionante viaje por el Medievo, revelando, de paso, numerosos detalles y claves para comprender uno de sus más fascinantes misterios: el de los gremios y asociaciones de canteros que sembraron el Occidente con auténticas obras de Arte, como así evidencian la inmensa cantidad de templos y catedrales que han sobrevivido hasta nuestros días, y cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Una obra que, no me cabe duda, sorprenderá; y lo que es más importante, generará la curiosidad del lector, induciéndole el deseo a profundizar aún más, si cabe, en el tema.
Virgen no documentada. Recibe su nombre por haber sido descubierta entre las ruinas del castillo, antigua fortaleza califal. Estuvo expuesta en la iglesia-museo de San Miguel, actualmente en restauración. Se encuentra ahora en la Parroquia de San Esteban, detrás del altar. Es posible que sus orígenes se remonten a finales del siglo XII o principios del siglo XIII. Dado su excelente estado de conservación, es de suponer que ha sido restaurada.
Virgen con Niño no documentada
Almazán, iglesia de San Miguel. Siglo XIII, transición al gótico. Se encontró enterrada antes de la Guerra Civil. Se desconoce su autor y su origen
Virgen del Espino, Barcebal, Soria
Considerada 'hermana' de la Virgen del Espino que se conserva en la catedral de El Burgo de Osma. Se sacan juntas en procesión, aunque la de la catedral no sale, si no bajan primero a ésta de Barcebal. Suele ocurrir esto en tiempos de sequía, y se les hacen rogativas para que llueva.
Nª Sª del Mercado, Colegiata de Berlanga de Duero, Soria
Talla del siglo XIII. Es la Patrona de la Villa y Señorío de Berlanga. La Virgen sujeta en su mano derecha un objeto redondo, quizás una fruta, un melocotón. Es curioso el objeto que mantiene sujeto el Niño entre su mano izquierda y su regazo. Puede ser un libro cerrado o quizás una pequeña caja.
Nª Sª de Atocha, Basílica de Atocha, Madrid
Tallada en madera policromada, de 79 cmts. de alto. Sujeta al Niño con la mano izquierda, mientras en la derecha tiene una manzana, símbolo de la Redención. Está fechada entre 1390 y 1420. Fue la reina Isabel II quien a su mayoría de edad (1843) instauró la costumbre de presentar a los Infantes a la Virgen de Atocha, pocos días después de nacer.
Inmaculada Concepción, Campisábalos, Guadalajara
Aunque por su tamaño y estilo se puede datar en una época muy posterior -siglo XVII, posiblemente-, conserva muchos atributos de una auténtica virgen románica de los siglos XI-XII.
Nª Sª de la Paz, iglesia de la Vera Cruz, Segovia
Realizada en piedra granítica, de unos 70 centímetros de altura, aproximadamente. Apenas se sabe nada de ella, a excepción del nombre. Nombre con el que pasó también a denominarse la iglesia durante los siglos XVI-XVII. Mantiene al niño sobre el brazo izquierdo. Destaca, sin duda por su originalidad y simbolismo, el libro cerrado que éste mantiene en su mano izquierda.
Virgen de Valvanera, Concatedral de San Pedro, Soria
El Santuario de culto más importante dedicado a la Virgen de Valvanera, se encuentra en La Rioja. No obstante, es una virgen muy popular y venerada en numerosos lugares, siendo Patrona, por ejemplo, del pueblo soriano de Fuentetovar. Hemos de suponer, por tanto, que la imagen que se conserva y expone en la Concatedral de San Pedro, es una copia bastante posterior, y aunque no se pueden apreciar en su totalidad todos los detalles debido al lugar tan elevado en el que se encuentra, podemos suponer que mantiene todos los atributos de la original.
Iglesia de Santa Coloma, Albendiego, Guadalajara
El ábside de Santa Coloma al amanecer: magia y geometría en movimiento (Foto: Montse Marco)
Virgen de la Salud (Cañón de Río Lobos, ermita de San Bartolomé)
Virgen muy venerada por los pueblos del entorno de Ucero y el Cañón de Río Lobos, a quien se atribuyen numerosos milagros, relacionados con la curación de enfermedades. Sustituye a una auténtica virgen románica que desapareció -algunas fuentes señalan que fue vendida por el párroco titular- hace 50 ó 60 años. Es sacada en procesión todos los años, en la romería que se celebra el día 23 de agosto.
Santa Coloma, Imagen Nº2 (Albendiego, Guadalajara)
Imagen de alabastro. La tradición insiste en que, o bien ésta imagen o bien la imagen Nº1, son contemporáneas de la iglesia que lleva su nombre, aunque no específica cuál de ellas. Los rasgos morenos son evidentes en esta talla. Al igual que la talla Nº1, porta un libro abierto en una mano, y una hoja de palma en la otra, agregada, ya que la original se perdió.
Santa Coloma, Imagen Nº1 (Albendiego, Guadalajara)
Imagen de madera, bastante deteriorada, sobre todo por la parte de atrás. Lleva una hoja de palma en una mano y un libro abierto en la otra: 'Santa Coloma bendita, que de Nájera has venido, a darle la enhorabuena, de Albendiego, a los vecinos' (canto popular)
Natividad de la Virgen María (Tardesillas, Soria)
Virgen no documentada, (Castillejo de Robledo, Soria)
Virgen de la Asunción
Talla del siglo XIII realizada en madera. Dicen que fue encontrada por el rey Alfonso VI, cuando iba a cazar junto al nieto del Cid Campeador.
Virgen no documentada, (Fuentelcarro, Soria)
No documentada. Santa Ana (Andaluz, Soria)
Santa Ana Triple (Fuentelcarro, Soria)
Expuesta en la catedral de El Burgo de Osma en 2005, con motivo del 150 Aniversario de la proclamación del Dogma de María Inmaculada.
Nª Sª del Rivero (San Esteban de Gormaz, Soria)
Nª Sª del Val o del Valle (Pedro, Soria)
Pertenece a la ermita hispano-visigoda del siglo VII, aunque actualmente se encuentra en la parroquia titular del pueblo, bajo la advocación de San Pedro. Conserva las características inherentes a una auténtica virgen negra, aunque su estado denota cierto deterioro. Es interesante el detalle del libro cerrado en la mano del Niño.
Nª Sª de los Milagros (Ágreda)
Hermoso ejemplo de virgen negra gótica (siglo XIV), policromada y dorada. Muy venerada en fiestas y romerías por los agredeños, y reverenciada con entusiasmo por castellanos, aragoneses y navarros. Cuenta la tradición, que fue traída de Extremadura por unos pastores, que se la encontraron a orillas del río Matachel.
Virgen de Numancia
De posible transición al siglo XIII -según opinión del párroco titular de Garray-, no se conoce su origen ni su auténtico nombre, de manera que se refieren a ella como la 'Virgen de Numancia', por su cercanía a las ruinas de la mítica ciudad arévaca. Después de varios años depositada en la sacristía, hoy ocupa un lugar de honor en la nave de la parroquia de San Juan Bautista, en Garray.
'Cuando se viaja en pos de un objetivo, es muy importante prestar atención al Camino. El Camino es el que nos enseña la mejor forma de llegar y nos enriquece mientras lo estamos cruzando' (Paulo Coelho)
6 comentarios:
¡Fantástico! Como fantásticas son las formas de las "criaturas" que pueblan los capiteles, la imaginación hecha arte. Los 2 caballeros a caballo, lanza en mano. Las marcas en la piedra, cuando he leido modernas, he pensado ¡Un grafiti! Jjjjj. Canecillo por canecillo ¿Qué significaran...? ¿Qué querrían trasmitir? un mundo tan bello, como misterioso. Abrazotes.
Hola, Kalma. Sí, un templo románico siempre constituye no uno, sino dos mundos paralelos que coexisten como si fueran uno: el mundo de la evidencia y el mundo de la apariencia. Los capiteles y los canecillos se prestan a varios significados: el que aparentan ser y el que evidentemente es. Has pensado bien, hay numerosos, muchos graffitis que en la mayoría de los casos han malogrado huellas y símbolos originales. Entre ellos, posiblemente, la marca del magiter muri o maestro cantero. Un abrazo
La acción de las manos bárbaras nos impide, Juan Carlos, reconocer la firma del maestro. Pero no ha impedido que su obra trascienda en el tiempo y que tu imaginación vuele entre la porticada y el lavadero, reconociendo las sombras de los caminantes que allí se guarecieron. ¡Qué bien te sienta el otoño!. Debe ser que el viento suave y la lluvia fina te engrasan la pluma.
Por cierto, los maestros canteros tenían la costumbre de grabar su nombre en la piedra. Pero lo hacían en varios sitios del edificio. Así que es posible que en otra piedra (quizá más escondido) se encuentre el nombre del maestro. Quizá en otro viaje tengas suerte.... Un abrazo.
Hola, Iconos. Sí, es posible que la firma del Magister Muri esté cuidadosa y estratégicamente situada, aunque ya digo, se han cometido tantas barbaridades en sus muros (al menos exteriormente) que va a ser difícil localizarla. Cierto que al menos su obra ha trascendido y ha llegado a nosotros. Otras obras no han tenido tanta suerte. El otoño es una estación que siempre me ha gustado, quizá eso influya también a la hora de escribir. Veremos si la pluma no se desangrasa; de hecho, hay muchas cosas maravillosas y sugestivas en esos Caminos de Dios. A ti, parece que tampoco te sienta mal el otoño. Un abrazo
Unos textos que es una delicia leer, cuando es tan extraño encontrar hoy quien se moleste en escribir para el placer del espíritu.
En cuanto al Magister. La cosa se pone más que difícil, porque el templo ha sufrido ruinas y reconstrucciones diversas.
En la propia galería porticada se delata el desaguisado, el rehacerla fue obra de gentes que no conocían el mensaje simbólico, así que, para encajar los capiteles en los pilares, no tuvieron mejor idea que cortarles un tercio de su volumen, eliminando parte de las escenas. Y se quedaron tan panchos.
Por su parte, los canes de la nave son distintos de los canes del ábside, de canteros diferentes quiero decir, y quedan esas tres esculturas "guarecidas" dentro de la galería, que evidentemente no son de allí, ni de ese momento.
Así que, ¿quien le pone el cascabel al Magister...?
Salud y fraternidad.
Maese Alkaest, honor que me hace; pero, en realidad, he tenido buenos maestros, Hablando del placer de escribir para el espíritu, tengo en mente un libro genial de otro Gran Magister que quizás Vd. conozca; se llama Rafael Alarcón Herrera, y entre otras cosas, cada vez que hablo el mencionado libro, tengo el grato honor de recordar una dedicatoria que, realizada al calor de una taza de café en un bar de Puentedey el pasado día 10 de agosto, decía lo siguiente: 'lo importante no es conocer todas las respuestas, sino conocer y comprender bien las preguntas'.
Muchas gracias por la aportación, y hasta la próxima en Córdoba (espero), un fuerte abrazo.
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