jueves, 22 de abril de 2010

Agüero: iglesia de Santiago

Situada a cierta distancia, pero no obstante enfrente del pueblecito de Agüero y el espectacular telón de fondo de sus famosos Mayos, la iglesia de Santiago constituye una exquisitez artística, capaz de atraer por sí sola incontables visitas. Modelos, símbolos, señales compañeriles y un número indeterminado de detalles, cuando no de verdaderos enigmas, son sólo algunos de los alicientes más destacables de cuantos conforman este singular puzzle histórico-artístico. Un puzzle histórico, como digo, y a la vez artístico, que gira, no obstante, alrededor del eje fundamental de una figura -por más señas, enigmática, como no podía ser de otro modo- cuya impronta personal parece que caló profundo en no pocos de los templos de la provincia, así como también en templos de provincias vecinas, hasta el punto de identificarse su rastro, en lugares de indudable importancia, como San Juan de la Peña, en Jaca y San Pedro el Viejo, en Huesca capital.
Dicen los expertos, refiriéndose a este Maestro de Agüero, que algunas de las pistas se sitúan en el perfecto encaje de las figuras dentro de los capiteles, así como, también, en los ojos de éstas.


Por otra parte, y también atribuíbles a su excelsa mano, dos símbolos que se han convertido, si no en mito, sí al menos en una particular e inconfundible marca de la casa, extendiéndose a numerosos pueblos incluso más allá de las fronteras oscenses, como pueden ser las Cinco Villas zaragozanas. Estos símbolos, no son otros que la Adoración -idénticas, como salidas de fábrica y tema, desde luego, personalizado, con la única variación, o detalle, apenas perceptible, del número de puntas de la estrella, que puede variar entre 7 y 8- y por supuesto, la bailarina.

Pero si la identidad de este extraordinario Magister Muri constituye todo un misterio, no lo es menos el desconcierto de los investigadores a la hora de explicar los pormenores que rodean a ésta intrigante construcción que, por razones que se desconocen, no se llegó nunca a terminar, a excepción de la nave del crucero y los tres ábsides, llegando a nuestros días tal y como la encontramos.

Desde luego, no deja de ser enigmática la intención de levantar aquí un templo de características inicialmente basilicales, aunque algunos historiadores creen advertir detrás de semejante y colosal proyecto, la intención de retiro de un rey, Ramiro II, que se caracterizó por su acusada religiosidad, hasta el punto de llegar a ser conocido con el sobrenombre de el Monje. No obstante, sus restos, actualmente, descansan en la capilla de San Bartolomé, anexa al claustro de San Pedro el Viejo, lugar donde murió.

Enigmáticas, así mismo, son las numerosas marcas canteriles -se han llegado a recopilar casi una cincuenta de ellas diferentes, aunque también es cierto que algunas son de factura moderna- entre las que destaca una repetitiva y curiosa grafía -ANOLL- que algunos tienden a identificar -yo, desde luego, no pondría la mano en el fuego- con el nombre del misterioso Magister.


2 comentarios:

Marian dijo...

Es una verdadera obra de arte, enigmatica y maravillosa. Me quedé sin palabras cuando la visité.

juancar347 dijo...

Hola, Marian. Coincido plenamente contigo. Yo la visité por primera vez durante esta Semana Santa y sinceramente, me impresionó. No sólo por el Arte arquitectónico y simbólico desplegado por el Magister en cuestión, sino también, detalle que suelo valorar bastante, por el entorno. Aunque breves, guardo muy gratos recuerdos del lugar. Un abrazo