lunes, 1 de noviembre de 2010

Bolmir, Cantabria: iglesia de San Cipriano

Bolmir es otro pueblecito cántabro, situado a unos cinco kilómetros, aproximadamente, de Cervatos y su espectacular colegiata. Como en ésta, también en los motivos representativos de los canes de la parroquial de San Cipriano -curiosa advocación, ante las que habrían de temer las brujas de la comarca- se localizan variados elementos eróticos, que continúan la línea desproporcionada, especialmente a la hora de mostrar los atributos sexuales masculinos.

Ante tal y a priori desconcertante perspectiva, quizá no sea una cuestión baladí, plantearse ésta persistencia erótica en el románico de la región, desde el punto de vista sugerido por el extraordinario investigador Rafael Alarcón cuando, allá por los primeros años de la década de los noventa, y en un no menos extraordinario artículo para la revista Año Cero (1) comentaba que la Edad Media no sólo vivía rodeada de símbolos, sino que vivía en símbolos.
La simbología, aparte de su universalidad, constituye, también, un mundo propio que interactúa desde la perspectiva personal de los seres que se sumerjen y moran en él. De manera, que no debe extrañarnos que una dificultad añadida a su interpretación, sea aquella que, referida al ámbito de los canteros, tenga en cuenta el estado de ánimo de éstos y cómo dicho estado influyó a la hora de cincelar y dar forma al mensaje en la piedra. ¿Cómo interpretar, o mejor dicho juzgar, entonces, ésta mencionada persistencia del mito erótico en los templos cristianos?. Y sobre todo, ¿por qué resulta tan decisivamente destacable en el románico cántabro?. ¿Hemos de basarlo todo, en una mera influencia de índole mozárabe o mudéjar, portadora de una corriente de pensamiento más permisiva en relación al sexo, o hemos de pensar, también, en una más que posible pervivencia de cultos de fertilidad, cuya arraigambre entre el pueblo fue incapaz de erradicar del todo la religión dominante?.


(1) Rafael Alarcón Herrera: 'Enigmas del tanta cristiano', Revista Año Cero, Año III, nº04


video

6 comentarios:

Syr dijo...

Fantasmagórico templo ese, amigo Caminante, que ocupó gran parte de nuestro tiempo aporreando sus puertas para que nos abrieran aquellos seres cuyas voces creíamos oir dentro. Más fué inútil.

Y aún seguiríamos en nuestro empeño de no habernos percatado que todo era fruto del viento y de nuestras propias voces que se colaban por la ventana abierta del ábside y del micrófono del altar que un descuidado dejó abierto en la última misa.

Salud y románico

juancar347 dijo...

En efecto, Syr. Aunque no te creas, ya casi tenía olvidado ese pequeño detalle que, como muy bien comentas, en otros ámbitos y circunstancias, bien pudiera haber dado lugar a la creación de un mito parapsicológico, como muchos otros que existen y que son fruto de la casualidad y otros factores, como el descuido, ajenos al mundo ultrasensorial.
Ahora, yo no me referiría a este templo como fantasmagórico, sino más bien como poseedor de cierta elegancia, que se ve descompensada por el poco aprecio que parece existir en este país con respecto a la salvaguarda de nuestros monumentos. Un abrazo

Baruk dijo...

Pues yo aún sigo pensando que dentro habia algo, algo rarito. Si no, porque la monjita de las llaves escogio vivir tan lejos de esa iglesia? ...mmm... Además, las fotos del interior del templo quedaron todas sin salir, a ver Juancar, a ti te salio alguna?

Deberemos volver.

**

juancar347 dijo...

Pues no sé, Baruk. En realidad, yo no sentí ninguna aprehensión, aunque conozco gente que sí experimentan ciertas sensaciones dependiendo del lugar en el que se encuentren. Fotos se ven algunas en el vídeo, aunque no saqué muchas, sí están un poco movidas. Pero eso puede ser achacable a muchos factores: falta de luz, sin trípode, etc. De todas formas, no debería extrañarnos que un templo de estas características posea, digamos, ciertas 'cualidades' especiales. Tú bien sabes que los lugares no se elegían al azar. Un abrazo

Alkaest dijo...

Debo confesar que, a pesar de no tener "enchufe" con los espíritus, -que suelen tratarme de mala manera, y eso cuando me tratan- a mi, si me salieron tres fotos del interior, aunque el ángulo era malo, servidor tiene una altura del cuerpo serrano algo cumplidita, y el ventanuco no ayudaba...
En ellas se ve la capilla gotica, de Bartolomé Gutierrez (1619), un capitel románico del arco triunfal, y la pila bautismal.

Del exterior y sus figuras no puedo hablar, me lo impide "mi religión". Aunque estoy de acuerdo, con ese artículo que citas de "Año Cero", a pesar de que apunta más cosas de las que dice. Seguramente, su autor estaba entonces en los inicios de esa investigación y ahora, quizá, solo quizá, sepa algo más...

Eso sí, la casa en ruinas que hay frente al templo, me dió "repelús"...

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Hola, Magister. Imagino que son las mismas fotos, incluídas las de los modillones de las nervaduras del techo de la capilla, que pudimos sacar todos. El ventanuco, no daba para más. Me parece correcto que no comentes acerca del simbolismo explícito en las figuras y entiendo perfectamente los motivos. De hecho, como verás, en ningún momento he pretendido seguir la línea del artículo de Rafael, al que sabes que valoro y respeto tanto o más que a tí. Sería indigno por mi parte. Sí quise añadir la frase que cito, porque me pareció sumamente ilustrativa y espero que el autor, que sé que me está oyendo, pueda ampliarnos más datos en alguno de esos maravillosos blogs que rondan por la Red, cuando no en alguno de sus recomendables libros.
Ahora bien, ya que me insistís en el tema de los repelús, he de ser sincero: en ningún momento del tiempo que permanecimos husmeando por la iglesia, me sentí inquieto. Tampoco estoy seguro de haberme fijado en la casa que mencionáis. Pero sí que quiero dejar claro un detalle curioso. Y es la existencia, junto a la espadaña de la iglesia, de un parque infantil, y algo más allá, recuerdo un pradillo apacible y un bonito caballo pastando más tranquilo que unas ascuas. El que yo no experimente este tipo de sensaciones, no quiere decir que no las comparta. A las pruebas de más de un acompañante de aventuras me remito, incluida la antigua amiga que custodiaba la ermita de San Bartolomé, en Río Lobos. En fin, que sobre el tema, poco puedo añadir, la verdad. Un abrazo