De formas modestas en el exterior, aunque no exentas, desde luego, de cierto estilismo y encanto, sabemos, por una inscripción tallada en uno de los sillares, que ésta iglesia fue consagrada en el año 1143 -1147, según los comentarios de un cartel localizado en el interior de la propia iglesia-, así como lo que, a priori, pueda parecer el nombre del magister muri bajo cuyo mandato se ejecutó la obra: Pascasio. Escasos datos, evidentemente, para seguir la pista humana del personaje en cuestión. Y sin embargo, ¿existen indicios para suponer que el tal Pascasio y su taller -si de tal magister muri se tratara-, de manera itinerante, como solía ocurrir con bastante frecuencia, dejó constancia de su presencia y labor en otros lugares?. Parece ser que sí.
Dejando a un lado la similitud promulgada por numerosos investigadores, con respecto a la similitud con el pórtico de la iglesia de San Miguel, en la vecina población de Cornezuelo, así como otras similitudes con algunas de las esculturas de Cervatos y Bolmir, en Cantabria, y Santa Efuemia de Cozuelos, en Palencia, creo que también habría que comentar cierta familiaridad con algunas de las esculturas interiores de la iglesia de Santa María de Siones. Al menos, con aquellas que hacen referencia al pecado de la lujuria, representado como una mujer con serpientes en los pechos.
2 comentarios:
Curioso el conjunto portada-espadaña en el medio de la nave y no a los pies. El entorno paisajístico una maravilla.
Saludos.
En efecto, es toda una curiosidad. Pero es un templo que guarda muchas sorpresas, aunque no parece que conmueva demasiado a los responsables de la rehabilitación y salvaguarda del Patrimonio artístico-cultural. Un templo, en cuyo interior, se encuentran algunas sorpresas que iré comentando. El entorno, por otra parte, espectacular. Saludos, Roberto
Publicar un comentario en la entrada