jueves, 26 de mayo de 2011

Ujué: Santa María la Real



Otro ejemplo espectacular del gótico en la provincia de Navarra, lo tenemos en este pueblecito de Ujué y su iglesia de Santa María, santuario, por otra parte, de una conocida Virgen Negra: la Virgen de Ujué. Una iglesia, completamente amuralla -incluido el ábside- en la que, por ir comenzando a señalar detalles, posee un tímpano, en su portada principal, que ofrece dos escenas clásicas de excelente ejecución: la Santa Cena y la Adoración de los Magos.

Y nunca mejor aplicado este último adjetivo, por cuanto los motivos que ilustran los numerosos capiteles, comienzan a utilizar, a partir de aquí y si se me permite decirlo, ese Lenguaje, argótico o mágico, característico de un estilo artistico como es el gótico.

Esto no es óbice, desde luego, para que dentro de esa iconografía -en la que se muestran, posiblemente, elementos de origen alquímico, como sendos dragoncillos con sus cuellos entrelazados (1)- se reconozcan elementos clave muy utilizados en el románico como recurso didáctico, como pueden ser los Evangelistas y sus respectivos símbolos o emblemas; o, sin ir más lejos, la representación de Adán y Eva, cubriéndose las vergüenzas una vez cometido el Pecado Original. También las faenas agrícolas, como la recolección de la uva y la elaboración del vino, se dan cita en la temática, no muy lejos, por cierto, de donde Sansón desquija al león (2) cabalgando sobre su lomo y donde un guerrero, ataviado con la cota de mallas, a la usanza medieval, lucha con otro león, atravesándole con su espada. O la figura del contorsionista, generalmente representativa de la gente licensiosa o de mala vida, donde uno de los mejores exponentes lo encontramos en el pórtico de entrada de la iglesia de la Virgen del Val, en Atienza, Guadalajara. Y entre unos y otros, elemento más natural en los laterales de los pórticos de entrada al templo -cual símil de los demonios que guardaban la entrada del Templo de Salomón- una bestia o demonio devorando a un pecador al que sólo se le ven las piernas saliendo fláccidas de las terribles fauces. Lo cotidiano y lo sensorial, dándose la mano para conformar los paradigmas tradicionales de un mensaje ecuménico previamente establecido por la religión dominante.

Volviendo, no obstante, al pórtico, sí que me gustaría comentar algunos detalles que me parecen significativos. Por ejemplo, observando a los comensales de la Santa Cena, ¿podríamos identificar a Juan, el discípulo amado, abrazado a Jesús y fuera de la mesa, aislado y mostrado en evidencia, a Judas, el discípulo traidor?. Posiblemente. Pero la cuestión simbólica adquiere otro sentido más arriba si observamos con cierta atención una escena aparentemente banal, vista mil veces, como es la Adoración. En principio, podemos fruncir ligeramente el ceño al observar el detalle del libro cerrado en la mano izquierda de la Virgen; un detalle más propio en la iconografía mariana; tampoco es usual, en mi opinión, la posición del Niño, de pie sobre las rodillas de la Madre, y los pies de ésta, apoyados sobre lo que parece un dragón: ¿nos está induciendo el cantero a pensar en una alegoría relativa a la Antigua y a la Nueva Religión?. No sería descabellado suponerlo, y podemos encontrar un precedente en la portada de la catedral de Huesca.





Pero no todos los elementos en Santa María la Real tienen un origen gótico. Por ejemplo, en su interior, se conserva una interesantísima pila bautismal románica, procedente de la parroquia de Benegorri, que fue trasladada recientemente, en 2010. Con forma de copa o cratera -una probable alusión griálica- muestra una serie de iconos representativos de la época, como pueden ser los guerreros, completamente equipados para el combate; arcos de medio punto, e incluso una curiosa figurita humana con los brazos extendidos hacia arriba. Y entre ellos, perfectamente delimitado, un signo magistral, característicos de los iniciados, de esos anónimos Magister Muri que detentaban el conocimiento de la Geometría Sagrada: la espiral.

En fin, detalles y más detalles que apenas conforman la punta de un iceberg artístico y simbólico con el que disfrutar haciéndose cábalas y del que estoy seguro que con su visita, a nadie dejará indiferente y sí con apatito de saber más.




(1) Obsérvese que este motivo suele representar una constante en el Arte románico, aunque generalmente referido al mundo de las aves. Baste como ejemplo, cercano y representativo, las ocas con los cuellos entrelazados de la iglesia del Crucifijo, en Puente la Reina.


(2) El león, simbólicamente hablando, también alude en ocasiones a la figura de Cristo: el León de Judá. Es el símbolo del Evangelista San Marcos: 'el que grita solo en el desierto', y en Pseudo Turpin, se mencionan los dos sueños que Carlomagno tuvo con ésta figura, de alguna manera proféticos.


(3) E´ste símbolo primordial se localiza en diferentes lugares que he de suponer de cierta relevancia, como pueden ser, por poner un ejemplo, San Pedro de Gaíllos, en Segovia o la Colegiata de San Martín, en Elines, Cantabria.





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