domingo, 5 de junio de 2011

Arce, Navarra: iglesia de Santa María

'Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, lo cual es lo mismo'.

[Jorge Luis Borges (1)]



No faltaría a la realidad, o mejor dicho, a mi realidad, como diría Borges en la frase que aquí utilizo como prólogo y que en realidad es el comienzo de su relato Ulrica, si dijera que uno de los factores que mejor define a esta longeva iglesia de Santa María, no es otra cosa que su, en apariencia, prolongado aislamiento. En efecto, situada a unos dos kilómetros, aproximadamente, de Nagora y las estribaciones del embalse de Yesa-cuyas aguas lamen las cercanías del monasterio de Leire y ocultan las aguas termales del despoblado de Termas, descrito por Aymerich Picaud en el Codex Calistino-, en la denominada Ruta de Muniaín que, entre otros lugares, conduce al Mirador de las Foces, la soledad en la que permanece este singular templo sería absoluta, si no fuera porque, en los prados vecinos, algunos équidos se desenvuelven libremente y en ocasiones el viento trae consigo el eco lejano de sus relinchos. Situada en la cúspide de un altozano, y circundada en sus tres cuartas partes, por una tierra salvajemente roturada -se ignora con qué propósito y fin-, la torre de la espadaña mira hacia unos montes que la Naturaleza, sabia pero también caprichosa, ha querido dotar con la forma de pirámides, chatas en la cima, en algunos casos, sobre las que algunos pueblos, como los celtíberos, gustaban de instalar sus poblados. Eso no quiere decir que sea éste el caso, desde luego, pero cualquier momento es ideal para dejarse llevar por la ensoñación, y el paraje donde se ubica esta iglesia, invita, cuando menos, a ensoñar. Tanto es así, que aproximadamente una treintena de kilómetros más allá, gratamente recorridos entre parajes de ensueño, el viajero se encuentra con poblaciones emblemáticas del Camino Jacobeo, como son Burguete y Roncesvalles; y a veinticinco kilómetros de éstas, con la espectacular selva de Irati.

Como en otros pequeños templos diseminados por la provincia, sobre ésta iglesia de Santa María puede recabarse la sospecha de que no todos sus elementos sean originales, y sí, por el contrario, reaprovechamientos de otros lugares de culto, de ubicación ignorada y echados a perder en época igualmente indeterminada. No olvidemos que Navarra fue, al menos hasta el siglo XI, un territorio de fácil disposición para las contínuas expediciones y aceifas musulmanas, programadas desde el Califato de Córdoba.

Esta particularidad se advierte, sobre todo, en su portada principal de acceso, donde no todos los elementos parecen encajar, llamando la atención, especialmente, el capitel de la derecha, que parece mostrar una continuidad de labra, que en principio hemos de suponer innecesaria. Curiosamente. la parte central de este capitel, muestra la figura de Cristo resucitado en el interior de una mandorla.

Por otra parte, la iconografía, referida al ámbito de los distintos elementos ornamentales -principalmente, canecillos y capiteles- ofrecen un mensario característico del románico que, a grosso modo, podría resumirse en usos y costumbres de la época, y estarían conformados por rostros y figuras humanas -incluidas varias de carácter erótico, así como músicos-; figuras animales y monstruosas (2); otra, repetitiva en otros templos de la provincia (3), ante la que cabe preguntarse: ¿amantes o gemelos?; y por supuesto, entrelazados y variedad de motivos foliáceos o vegetales.




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(1) Jorge Luis Borges: 'El libro de arena', Alianza Editorial, S.A., 5ª edición en El Libro de Bolsillo, 1983, página 15.

(2) Resulta curioso, por ejemplo, que tanto en éste, como en otros templos navarros la figura del demonio devorando a un pecador del que sólo se ven las piernas colgando de las terroríficas mandíbulas, sea utilizado como canecillo. Representaciones similares en templos de otras provincias, suelen ser más comunes -y pongo como ejemplo, el templo de San Miguel de Biota, en las Cinco Villas- situadas en la parte interna de los pórticos principales de entrada, tal vez como alusión a esos demonios que, según la leyenda, guardaban el Templo de Salomón o quizás como recordatorio del trágico destino que esperaba a los pecadores.

(3) Por ejemplo, es un motivo que se localiza en varios canecillos situados en el ábside de la iglesia de Santa Catalina, en Cirauqui.

6 comentarios:

Alkaest dijo...

Un templo singular, a pesar de las diversas reformas sufridas, y las piezas escultóricas estropeadas o desaparecidas.
El entorno en que se sitúa, ayuda mucho a comprender la esencia del edificio. A pesar de la "salvaje" restauración a que está siendo sometido.
La roturación de la tierra circundante, ha sido para retirar los aluviones, que las lluvias llevan años amontonando sobre sus muros, amenazando con sepultar el ábside.
Lo que no se comprende, es el erial en que han convertido el terreno. Si no levantan pronto un muro de contención, o siembran hierba y arbustos, las primeras lluvias fuertes que caigan volverán a enterrar el ábside.
Habrá que esperar, la finalización de las obras, para ver si se trata de otro desaguisado románico.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Desde luego, el templo, como dices, es singular; y el entorno en el que se asienta, también. Me cuesta creer que los constructores no tuvieran en cuenta un detalle tan peligroso, aunque hay precedentes de una mala elección del terreno, como, por ejemplo, San Miguel de Lillo. Espero que, en efecto, esa roturación tenga como fin la preservación del templo que, dicho sea de paso, no se encuentra en las mejores condiciones. Hubiera sido interesante haber podido acceder a su interior. Un abrazo

Anónimo dijo...

Bueno, vamos a ver. El pueblo junto al que está se llama Nagore, no Nagora, y el pantano junto al que se encuentra es el de Itoiz, no el de Leire.
Por último, los poblados del entorno no fueron fundados por los celtíberos, sino vascones, los antepasados de los actuales navarros.
Y, como bien domo decís, la restauración ha sido bestial, un auténtico desastre.

juancar347 dijo...

Estimado anónimo/a, gracias por las precisiones.
Saludos,

Joseba Asiron Saez. dijo...

Perdón, no era mi intención ir de Anónimo. Me llamo Joseba Asiron, y os animo de verdad a que os acerquéis a ver la salvajada que han perpetrado con los tejados de la iglesia. Una pena.
Un abrazo.

juancar347 dijo...

Encantado de conocerte, Joseba y muchas gracias por la deferencia que has tenido de presentarte. Lamento sinceramente lo que nos comentas sobre el estado en el que ha quedado el tejado de la iglesia, aunque podemos imaginárnoslo, pues cuanto estuvimos por alli (después de Arce, fuimos en dirección a Burguete y Roncesvalles, en una jornada memorable que nunca se me olvidará) ya nos causó cierta impresión ver el estado en el que se encontraba. Me apena no poder acercarme, al menos este año, como tampoco podré acercarme mañana a un pueblo de Palencia, donde vecinos, asociaciones culturales, particulares, etc, se van a manifestar por el estado tan deplorable en el que se encuentra una auténtica joya románica del siglo XII (incluso con pinturas en su interior), como es la ermita de San Pelayo. Una de las promotoras de esta iniciativa de denuncia y protesta -Cristina Párbole- también ha denunciado la horrenda chapuza que han hecho en la restauración de la iglesia románica de Santa Cecilia, en Vallespinoso de Aguilar, también en Palencia. Te comento esto, amigo Joseba, para que veas lo bestias que todavía somos en cuanto a cariño y respeto por el increíble patrimonio histórico y cultural. Siento un gran cariño por Navarra, parte de cuyas tierras he recorrido con ilusión e interés. Y me apena mucho lo que comentas porque Navarra, en comparación con otros lugares, pensaba que tenía mejor mano a la hora de valorar y conservar su rico patrimonio. Es un problema que nos afecta a todos los que tenemos sensibilidad y sentimos pasión e interés por estas auténticas joyas.
Un apretón de manos