lunes, 13 de febrero de 2012

Jaramillo de la Fuente: iglesia de la Asunción de Nuestra Señora

'Por las riberas de Arlanza / Bernardo del Carpio cabalga / con su caballo morcillo /enjaezado de grana, / gruesa lanza en la su mano, / armado de todas armas. / Toda la gente de Burgos / le mira como espantada, / porque no se suele armar / sino a cosa señalada...' (1)


Tanto, o posiblemente más completa e interesante, incluso, que la parroquial de San Martín de Tours, en Vizcaínos, es la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, situada, aproximadamente, quince kilómetros más allá de aquélla, en el término municipal de Jaramillo de la Fuente. Como tantos otros pueblos desperdigados a lo largo y a lo ancho de ésta interesante Sierra de la Demanda, Jaramillo de la Fuente tiene, en la actualidad, un hábitat municipal tan reducido, que sorprende, cuando menos, la presencia de éste soberbio ejemplar de templo románico, cuyos antecedentes se remontan a los siglos XI y XII.

El entorno que se encuentra el viajero al seguir la ruta desde Vizcaínos hasta Jaramillo de la Fuente, resulta espectacular. Está conformado por una soberbia dehesa, en la que sobresale, por encima de otras muchas especies, la figura del roble, considerado, junto con el fresno, como uno de los árboles más importantes y sagrados para la antigua cultura celta. Pueblo y dehesa, pertenecieron antiguamente al señorío de San Pedro de Arlanza.


Referente a su galería porticada, opinan los expertos -y así lo reseñan en los folletos informativos- que los arcos que la conforman, más el de la puerta, siete en total, representarían, siguiendo las consideraciones contenidas en los Beatos, a las siete iglesias del Apocalipsis. De Apocalipsis o revelación, en su sentido etimológico, deberíamos entender la riqueza simbólica que se distribuye, por una parte en los motivos de los capiteles de la referida galería porticada, y por otra, en todos aquellos que engalanan su portada principal; sin obviar, de ninguna manera, las series iconográficas de canecillos que nos introducen en la antropogénesis filosófico-social de la época.




Dentro de las piezas estelares de este templo destacan, por su singularidad y rico simbolismo, aquellos que, aún conservando buena parte de su pintura original, remiten a arquetipos colectivos, frecuentes en la mentalidad de los gremios canteros de la época, siendo, a la vez, una reminiscencia cultural de pueblos anteriores. Algunos de ellos, sobre los que llamar especialmente la atención, podrían ser el perro, y por supuesto, los nudos.


Pudiera o no, así mismo, ser de consagración la cruz paté que también conserva restos de pintura roja y que se localiza, profundamente cincelada, en una de las jambas del pórtico de entrada. Del interior de éste, caben destacar algunos interesantes elementos originales, como la pila bautismal, probablemente original del siglo XI y carente de soporte, cuyos motivos decorativos se basan en arcos claustrales y elementos vegetales destacables por su forma serpentina o de guirnalda alrededor de éstos. Cuenta con un Calvario gótico, datado en el siglo XIII, en el que se conservan, junto a la figura del Crucificado, las de la Virgen y San Juan Evangelista.


Escultórica y simbólicamente hablando, merece la pena situar la atención en este precioso Calvario, que muestra a Cristo crucificado sobre una cruz de gajos, incluyendo la calavera y las tibias adámicas a los pies de la cruz. También resulta relevante la figura del arcángel San Miguel, domeñando al Diablo, pero que, a diferencia de la gran mayoría de imágenes, porta varios atributos -la espada o lanza y la balanza- que lo definen en dos de sus funciones primordiales: las de juez ejecutor y pesador de almas. En el centro del retablo absidial, se localiza una tercera escultura, probablemente de origen gótico´, también, que muestra a una Virgen sedente con Niño.


Por último, destacar las numerosas y a la vez curiosas marcas de cantería, que se advierte, principalmente, en los sillares exteriores de la galería porticada.








(1) 'El Romancero', introducción y selección, Manuel Alvar. Editorial Magisterio Español, S.A., 1968, página 48.

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