lunes, 22 de abril de 2013

Elburgo: ermita de San Juan de Arrarain



Menos de dos kilómetros más adelante, y a las afueras de la población de Elburgo, se encuentra la ermita de San Juan, único vestigio que sobrevive del que fuera pueblo de Arrarain, del que se tienen noticias de haber estado habitado al menos hasta finales del siglo XIV. Adosado a ella, está el pequeño cementerio. Aunque de factura eminentemente rural -caracteristica de los templos que habrían de dar soporte espiritual a pequeñas comunidades- y en diversas condiciones de conservación, aún mantiene interesantes elementos simbólicos en sus canecillos y capiteles, cuya variada temática muestra, entre los principales motivos a tener en cuenta, la presencia de músicos, aves, cruces, la lucha de Sansón con el león -en una curiosa representación, que se aleja de la tradicional manera, donde aquél suele aparecer generalmente representado a lomos de éste-, así como la diversidad foliácea, abundante y característica de toda construcción de su estilo. Tiene el ábside de forma semicircular y la nave alargada, localizándose en sus muros algunos motivos crucíferos, de los denominados graffiti de peregrino, que demuestran la utilización, por parte de éstos, de la probable ruta de Miranda, aquélla que se adentraba por el norte de Burgos, atravesando el famoso y peligroso desfiladero de Pancorbo.

3 comentarios:

Alkaest dijo...

El románico rural vasco, como el de otras comarcas, está generalmente lleno de mejores intenciones que de buenas ejecuciones.
Muchos pueblos pequeños tenían más fe que medios económicos, así pues debían recurrir a canteros "aficionados", muy alejados de la depurada técnica de los grandes magister románicos.
No obstante, la precisión de su simbolismo era idéntica, los temas morales y teológicos son los mismos. A efectos didácticos ¿qué más da, si Sansón es de un preciosismo pasmoso o un burdo monigote? ¿Qué importa si los ángeles parecen cuervos, en lugar de excelsos espíritus alados?
Allí se expresa la fe de un pueblo que, a pesar de la rémora de la pobreza, intenta reflejar sus creencias, sus esperanzas, por encima del descorazonador panorama del día a día real, de la cotidiana crueldad con la que debía combatir para no desesperar más de lo conveniente al sano juicio.
Esta imágenes, torpes, simples, y ocasionalmente bastante feas, tienen sin embargo un punto de ternura, que nos hace sonreír y sentir empatía por aquellos villanos que las encargaron y por los poco hábiles artesanos que las crearon.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Yo creo que poco importa de dónde sea el románico popular, porque como muy bien dices, incluso toscamente levantada la iglesia y toscamente labrados los detalles, no dejan de tener su punto de ternura. Una ternura que nos cautiva y que, después de todo, nos hace maravillarnos, pues nos demuestra que poco o nada importan la habilidad de unas manos cuando se trata de levantar un templo bajo la más desinteresada de las advocaciones -la de la Fe- aplicando los mismos conocimientos que manos más hábiles y con mejores medios emplearon para asombro de propios y extraños. No miento cuando digo que estos templitos me despiertan tanta o más emotividad que los grandes templos que actualmente, y aunque parezca mentira, componen las estrellas de la guía Michelín del románico. El románico, no es mejor o peor, es simplemente el resultado de una fe acorde con un estilo de vida y a la vez, catapulta de evolución a otros estilos, como el estilo, que aplicaron otras formas de pensamiento, acordes, pienso, a una sociedad que también comenzaba a evolucionar. Un abrazo

juancar347 dijo...

Me refería al estilo gótico...