lunes, 2 de marzo de 2015

Melide: iglesia de Santa María y Capela de San Roque


Melide es, qué duda cabe, una de esas villas con historia antigua, definitivamente unidas al Camino de Santiago y al fenómeno de la peregrinación. De hecho, la opinión generalizada, es que nació por y con el Camino de Santiago, remontándose sus orígenes, cuando menos, a una época tan temprana como es el siglo X. Frontera con las comunidades de Pontevedra y Lugo –en realidad, su situación privilegiada, la hace estar situada relativamente cerca de las principales capitales gallegas-, Melide resulta paso obligado para todo peregrino que arriba a su meta santiaguista siguiendo las etapas de un itinerario milenario, el denominado Camino Francés o Camino Antiguo que, posiblemente siendo el más popular de todos los caminos que conducen a la tumba del Apóstol, ha visto y continúa viendo, la llegada anual de cientos, cuando no miles de peregrinos. Es, por tanto, una ciudad eminentemente hospitalaria, con siglos de historia y tradición. Desde esta perspectiva, no es extraño que en épocas históricas, Melide gozara de templos y establecimientos ligados a un arte, el románico que, si bien puede resultar quizás excesivo decir que nació también a la vera del Camino, no lo sería tanto, si se afirma que al menos creció, se nutrió y se desarrolló con éste. No en vano, el Camino significó, no sólo la apertura de unas fronteras que habían quedado poco menos que cerradas u olvidadas desde la caída del Imperio Romano, sino también, la acogida de gentes y valores culturales, que aportaron nuevas ideas, técnicas y conocimientos a uno y otro lado de los Pirineos.

Por otra parte, y aunque de Melide se podría hablar largo y tendio, en la presente entrada, no obstante, centraremos nuestra atención, siquiera de modo breve, en dos lugares muy específicos de la ciudad: la Capela de San Roque -junto a la que se localiza el que se considera como el cruceiro más antiguo de Galicia, sel siglo XIV, y al que popularmente se conoce como cruceiro de Melide- y la iglesia de Santa María. 

Capela de San Roque


La Capela de San Roque, es de los primeros lugares en los que se fija y recala el peregrino, apenas entra en la ciudad, procedente de la cercana provincia de Lugo; una provincia, en la que ha dejado atrás lugares tan pintorescos e interesantes –eso sí, apenas separados unos insignificantes kilómetros de la ruta original-, como son Santa Eulalia de Bóveda, Vilar de Donas o el singular Castelo de Pambre, los carteles de cuyos desvíos, puede observar desde la carretera nacional N547 en dirección a Santiago, por la que discurre su camino. Si bien la Capela es una construcción moderna –se levantó en 1949-, tiene la particularidad de que en su construcción, se reutilizaron piedras y piezas de las desaparecidas iglesias de San Roque y de San Pedro. De toda la construcción, destaca, sin embargo, la portada principal. Una portada que, orientada hacia poniente, muestra algunos interesantes elementos, si bien los capiteles distribuidos a uno y otro lado de la misma, recuerdan, al ser netamente foliáceos, la característica austeridad típica de los edificios cistercienses. Las arquivoltas, también sencillas en origen, muestran motivos lisos, ondulantes –una plausible reseña al mar primigenio o a las aguas del bautismo-, arcos y motivos foliáceos. Posiblemente, el elemento que más llame la atención, sea la figura del dragón o de la serpiente que se aprecia en la basa del capitel situado a la izquierda de la portada, cuyo diseño ha de resultar familiar, pues se localiza en otros lugares de la geografía gallega –como en la portada, también orientada hacia poniente de la iglesia de Santiago de Betanzos, aunque en éste caso, aparece en ambos laterales-, o similares, como se puede apreciar no sólo en el denominado Forno da Santa –con otra forma, pero de similar simbolismo- situado en la población orensana de Santa Mariña de Augas Santas; e incluso, dejando atrás los límites de Galicia y dentro de la llamada Extremadura castellana, el pueblecito soriano de Barcebal que, por cierto, alberga una Virgen Negra, la del Espino, hermana de la que se encuentra en la cercana catedral de El Burgo de Osma. Junto a la Capela, como ya se ha dicho también, se levanta el famoso Cruceiro de Melide, del siglo XIV, que muestra en el anverso un curioso Cristo, entronizado y coronado, siendo el motivo del reverso un Calvario, sobre el que aparece otro símbolo ancestral y peculiar: el lirio o la flor de lis. No muy lejos de la Capela y el cruceiro, se halla la Casa do Concello, el antiguo hospital de peregrinos de Sancti Spiritus, fundado en 1502 y actualmente reconvertido en Centro de Estudios Melidenses –que muestra una interesante simbología en sus escudos-, una fuente dedicada a D. Mateo Segade Bugueiro –fundador de la obra pía de San Antón- y el albergue O Apalpador.


Iglesia de Santa María

Situada a la salida prácticamente de Melide, algunos metros más adelante del establecimiento de turismo rural que lleva por nombre la Casa de Abaixo y precedido por un cruceiro de piedra de fecha muy posterior al anterior y al que le falta el reverso –probablemente un Calvario-, un templo románico, dedicado a la figura de Santa María, conserva todavía buena parte de su planta original y algún que otro curioso misterio relacionado con los canteros medievales que lo levantaron.  De las características de la portada occidental de este templo, similar a las que se localizan en otros templos, situados principalmente en la provincia de Lugo –como San Martín de Puenteferreira o San Miguel de Esporiz-, muestra, en la arquivolta superior, tanto externa como interna, unas pequeñas cajas cuyo interior contiene una serie de curiosos símbolos y personajes, cuyo significado, que parece constituir alguna especie de clave –no sería de extrañar, estando como está la iglesia, aparentemente relacionada con los templarios-, que no han sido descifrados hasta el momento, motivo por el que en algunos ámbitos se las define como portadas mágicas. A tal respecto, bueno es añadir que uno de los autores que más ha profundizado en el tema y que más información ofrece, es Rafael Alarcón Herrera, quien además, recogió interesantes leyendas y tradiciones, mientras realizaba el Camino de Santiago. Dicha información la recogió, al menos en una de sus magníficas obras, La otra España del Temple (1), cuya lectura se recomienda a todo aquél lector que desee profundizar más en el tema.

Dejando a un lado los elementos añadidos en época relativamente moderna, como la sacristía, anexa al ábside, el templo melidense de Santa María hunde sus raíces en época tan temprana como mediados o finales del siglo XII. Como los templos de su clase y estilo, tiene un ábside semicircular y una nave alargada, si bien dispone de dos portadas, la mencionada, situada en el lado occidental o de poniente y otra, más austera, situada en el lado sur. A ambos lados de ésta, se aprecian sendos arcosolios, que debieron de contener sus correspondientes sepulturas. Bastante desgastados por efectos del tiempo y la erosión, casi no se aprecian los detalles de los numerosos canecillos que todavía conserva. Unos canecillos que, a juzgar por las características del lugar donde se eleva el templo que los contiene, debieron de contener un significado muy especial, tanto para fieles como para peregrinos.


(1) Rafael Alarcón Herrera: 'La otra España del Temple', Editorial Martínez Roca, S.A., Barcelona, 1988, páginas 289 a 293.

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