lunes, 30 de noviembre de 2015

El Monasterio de Santa María de Acibeiro


Galicia es tierra de monasterios, y a la vez, tierra de grandes y fascinantes misterios. El Monasterio de Santa María de Acibeiro, si bien es cierto que ya no es lo que fue, conserva, no obstante, en la iglesia sobreviviente, un halo de misterio y oscuridad, que se remonta a aquellos primeros años del nebuloso siglo XII en los que, a juzgar por una de las varias inscripciones que se localizan en sus sillares, un grupo de monjes, se supone que benedictinos –significativamente doce, como doce y uno más eran las compañías de monjes irlandeses que se desplazaban para asentarse y dedicarse a su labor evangelizadora-, se instaló en el lugar. La mencionada inscripción, ofrece una fecha en particular: el año 1135. En base a ciertas informaciones contenidas en los archivos cistercienses, se sabe, también, que Acibeiro fue, si no la última, sí al menos una de las últimas asimilaciones del Císter, a cuya administración pasó en el año 1225. Como todos los establecimientos de su género y época, Santa María de Acibeiro contó con periodos de grandeza y esplendor; y desde luego, así mismo, como todos los monasterios hispanos, también conoció otros instantes más tristes de decadencia: sit transit gloria mundi. En la actualidad, totalmente rehabilitado, y dentro del programa de Pousadas de Compostela –no sólo antiguos monasterios, sino también otro tipo de edificios históricos, como pazos-, ha quedado reconvertido en hotel. Si bien es cierto, además, que conserva uno de los claustros, también lo es, que éste, por desgracia, no tiene nada del románico original del siglo XII –quizás, algún pequeño, pequeñísimo resto reutilizado en uno de los pórticos de acceso- y sí parece una austera y cuadrada construcción de los siglos XVII-XVIII. Tampoco la iglesia conserva su portada románica original, aunque sí una pequeña portada, de dicho periodo, situada en el lado sur, justo en la zona destinada a cementerio. En sus arquerías, se pueden vislumbrar un ajedrezado del famoso tipo denominado como jaqués; hermosos motivos florales, en el central, cuyos modelos varían en tipo y número de pétalos, siendo reseñables los números 4, 5, 6 y 8; el primer arco, o arco principal, muestra un curioso motivo, semejante a las hebillas de los cintos medievales, que en el fondo, podría aludir a un sentido de unión.

Más interesante, el ábside o cabecera nos muestra, todos con refuerzo, uno principal y dos más pequeños. Destaca la forma poligonal del ábside principal; una forma no demasiado extendida en aquélla zona y época, a juicio de los expertos, de la que se sabe, sin embargo, que era utilizada, entre otros, por el Maestro Esteban, artífice de origen desconocido, que colaboró, cuando menos, en dos importantes catedrales del Camino Jacobeo: la de Santiago de Compostela y la de Pamplona. El ábside central, además, muestra cinco ventanales ciegos, siendo austera y eminentemente foliáceos –a excepción de dos de ellos, que muestran aves y leones-, los motivos de sus capiteles. Por el contrario, y esto sí que puede considerarse como una curiosidad, los ábsides laterales muestran un ventanal liso, y otro más pequeño y con forma redonda o de óculo, por encima. Los canecillos, apenas presentan labra, reduciéndose ésta a unos pocos que muestran lo que parece un árbol de la vida, una figura antropomorfa y algún vegetal. Las metopas de los ábsides menores, muestran interesantes motivos crucíferos.

Como último, reseñar que entre los motivos del cruceiro que se localiza delante del monasterio, se muestra una Verónica.

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