miércoles, 4 de mayo de 2016

Ribadavia: iglesia de San Juan


Uno de los ejemplos más evidentes de la importante presencia de los sanjuanistas en Galicia, lo constituyen ésta hermosa villa de Ribadavia, que todavía, como se pudo apreciar en la anterior entrada, mantiene generosamente preservada su antigua judería medieval, y la presente iglesia de San Juan. Como en el caso de Portomarín, también aquí se denota su presencia en una de las principales vías o rutas peregrinas hacia Santiago de Compostela: aquella que se denomina, precisamente por aprovechar una de las antiguas calzadas romanas, como Vía o Ruta de la Plata. A éste respecto, se sabe que aquí, en Ribadavia, los sanjuanistas mantuvieron una encomienda independiente hasta el siglo XVII, cuando fue definitivamente incorporada a la vecina Beade, en plena comarca del Ribeiro también, donde todavía se conservan numerosos símbolos relacionados con la presencia de la Orden. En líneas generales, se puede afirmar que el templo de San Juan –se estima su construcción, a finales del siglo XII-, es una interesante construcción, en la que sobresalen, probablemente, los detalles referidos a su ornamentación, bastante más que prolífica y críptica que en la cercana iglesia de Santiago. De ella, probablemente la parte más relevante, sea aquella referida a las metopas, donde se aprecia un simbolismo peculiar, que alterna motivos geométricos con elementos zoomórficos y fantásticos, que hacen olvidar por un momento la simple cuestión de estética y pensar en claves, cuyo mensaje resolutivo resulta, cuando menos, harto complicado dilucidar. Este detalle, no obstante, trae, así mismo a colación, no sólo la presencia de ésta orden guerrera y hospitalaria en la zona sino también, quizás, las mismas manos laborando en otros templos donde, a pesar de hallarse muy reformados hoy en día, contienen ciertos elementos sobrevivientes, que así podrían indicarlo y que en su momento, ocuparon las divagaciones de investigadores como Juan García Atienza. De hecho, así se consignaba en las sucesivas ediciones de su Guía de la España mágica, cuando hablaba de los enigmas afines a este tipo de simbolismo, haciendo especial hincapié en la iglesia de Santa María de Xuvencos, que además confundiera con la vecina de San Xulián de Astureses –haciéndome a mí caer también en el error, allá por Semana Santa del año 2013-, templo éste último del que se piensa que fue originalmente templario y que pasó a manos sanjuanistas tras la disolución de esa Orden.

Como muchos otros templos de Galicia, su portada principal está orientada a poniente. En ésta sobresale, en lo más alto del tejaroz, la figura presidencial del Agnus Dei, portadora de una cruz denominada en ciertos ámbitos como de Carlomagno, cuyo diseño resulta bastante popular dentro de la geografía gallega, pues se puede encontrar prácticamente en la totalidad de sus comunidades. Cierta curiosidad tienen, por encima de la portada, algunos de los canecillos, entre los que cabe destacar la presencia de aves unidas por la cabeza, una hermosa cabeza humana barbada –probablemente alusiva a la figura del santo titular, San Juan Bautista-, así como la presencia de uno de los primeros elementos o símbolos del Cristianismo: el pez. Tales elementos, parecen sobresalir sobre los motivos de las correspondientes metopas que, como se aventuraba, muestras diseños geométricos y fantásticos y posiblemente aludan a los vicios y pecados que generalmente se asociaban con todo aquello que tuviera que ver con cultos anteriores. No es de extrañar, por tanto, que similar temática se aprecie, así mismo, en los capiteles –seis en total, tres a cada lado-, cuyos elementos fundamentales alternan arpías y motivos foliáceos o vegetales.

Anexa al ábside, en la puerta de la casa parroquial se puede apreciar, posiblemente de época, un pequeño escudo en cuyo interior se aprecia una cruz de Malta o de Ocho Beatitudes.

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