lunes, 27 de diciembre de 2010

Revilla de Collazos, Palencia: iglesia de San Andrés

Nos encontramos aquí, frente a un templo que, como en muchos otros casos, ha visto muy modificada su primigenia estructura románica, hasta el punto de que, al menos del exterior, apenas ha sobrevivido el ábside y quizás la torre que conforma su campanario. Sin embargo, el interior de este templo, dedicado a la figura de San Andrés, aún conserva -afortunadamente, no sólo para el investigador sino también para el amante del Arte en general- detalles de suficiente interés y calidad, como para ser tenidos muy en cuenta, haciendo que merezca la pena detenerse el tiempo suficiente y realizar una visita, por corta que ésta sea.
Dichos detalles se manifiestan, sobre todo, en los capiteles absidiales, donde, aparte de la representación de un combate medieval entre caballeros -usos y costumbres de la época- volvemos a encontrarnos con otra alusión a un mito harto conocido ya en el románico palentino y posiblemente motivo y referente seguido por los diferentes talleres canteros que trabajaron por la región: el mito de Alejandro y los grifos.
No obstante, lejos de considerar éstos como los mejores exponentes que han sobrevivido a nuestros días, no es, sino dirigiendo nuestra mirada hacia la zona del altar, que hallaremos una pieza que, por su rareza -realmente, no han sobrevivido muchas- merece una especial atención: se trata de un soporte o atril para depositar las Sagradas Escrituras y facilitar su lectura al sacerdote, que gozó del privilegio de ser cedido hace algunos años al Metropolitan Museum de Nueva York para una exposición.
Se trata de una pieza, de aproximadamente un metro de alto que, hábilmente labrada en un único bloque de piedra, muestra a un músico con una vihuela en la mano. Llama la atención, sin embargo, que por encima de la figura de éste, otros elementos decorativos adquieren, comparativamente hablando, la forma de serpientes enroscadas sobre sí mismas. De una excepcional expresividad, podríamos definir, también, las facciones y el gesto del músico en cuestión, arrobado, es de suponer, por las notas imaginarias de la melodía que está tocando. Al lado de ésta pieza, el altar, se encuentra parcialmente tapado por un lienzo blanco que, no obstante, permite apreciar un pilar central, adornado con aros superpuestos, así como otros dos pilares más adelantados, que muestran motivos vegetales, a modo de capiteles, en la parte superior.
Sin duda alguna, la figura principal del Retablo Mayor, de probables connotaciones barrocas, siguiendo la costumbre, se basa en la vida y el martirio del santo titular, San Andrés, observándose al menos dos reproducciones del mismo: una, en la parte superior, que muestra la crucifixión del santo en la característica cruz con forma de aspa -llamada precisamente de San Andrés- y aún otra reproducción, situada hacia el centro del retablo, que lo muestra cargando con ella. Existe aún una tercera figura, posiblemente moderna, que también muestra -curiosa representación para un martirio- al santo cargando c on su cruz y además, portando un libro cerrado.
Varias son, así mismo, las representaciones Crísticas, de las que destacan particularmente dos: un Cristo yacente, de excelente factura y posible origen en los siglos XVII-XVIII, y otro Cristo crucificado, de rostro transfigurado por el dolor, cuyo cuerpo, curiosamente, adopta la forma de pata de oca sobre la cruz.
Otro elemento reseñable, lo encontramos en la pila bautismal, lisa, calzada sobre un soporte pétreo que contiene caras de animales. En la superficie de la pila, grabados en su borde, se aprecian trazos que muestran estrellas de seis puntas, también conocidas como flores de la vida, integradas en sus correspondientes círculos.
Del ábside, y otra vez en el exterior de la iglesia, cabe reseñar los motivos de los capiteles de al menos uno de los ventanales: motivos vegetales -posiblemente, flores de acanto- en el capitel de la derecha, mostrando el capitel de la izquierda, una curiosa dualidad representada por centauros enfrentados.

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6 comentarios:

Roberto dijo...

Curiosísima la pieza que conserva esta iglesia de San Andrés. Un auténtico milagro que un atril románico haya sobrevivido al tiempo y a las modas y a los cambios de estética. Y parece en perfecto estado.

Saludos.

juancar347 dijo...

Totalmente de acuerdo. Es la primera pieza en su género que me he encontrado, y te aseguro que es original, como lo prueba el hecho de que los americanos estuvieran interesados en ella y por fortuna, sólo la pidieran prestada para ser expuesta en una exposición y posteriormente reintegrada a su lugar de origen. Sorpresas que se encuentra uno y que merece la pena disfrutar. Saludos, Roberto

RIVIERE dijo...

Una pieza muy curiosa...no se te escapa una. Núnca había visto una cosa igual.
Por cierto, Juancar, es "vihuela", con "v". De nada.
Un abrazo.

juancar347 dijo...

Bueno, Rivi. Creo que aquí hay que aplicar aquello de al César lo que es del César: no fui yo el primero que la divisó, sino ciertas aguilillas (lo digo por la vista) de nombres tan variopintos pero que me consta que conoces, como Baruk, Malvís o Alkaest. También, gracias a ellos, me familiaricé con el capitel del mito de Alejandro; motivo que encontramos en varios templos de la provincia. Gracias por el aviso, aunque tengo mis dudas entre vihuela o fídula. Un abrazo

Alkaest dijo...

Descubrí esta magnífia pieza, del vihuelista románico, en "Las Edades del Hombre" de 1991, celebradas en la Catedral de León, y dedicadas a la música.
Desde entonces quise verlo in situ, y al fin lo conseguí junto con un grupo de chiflados del románico... al que tuve el placer de guiar, en plena siesta canícular, para gozar juntos de esa pieza inédita y única.

La realidad superó todas mis expectativas, solo una duda me quedó, ¿cómo sería el templo original, si esta pequeña pieza era de tal calidad?

Con una virtud añadida, la figura, que pertenece a un peculiar modelo escultórico, esconde un pequeño misterio...

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

¿Ves? Me había olvidado ya de ese detalle de las Edades de 1991. Pero que conste que tengo una buena provisión de libretitas para el futuro y buenos maestros para agudizar la vista y aprender a saber husmear. Este templo, en sus orígenes, debió de ser, sencillamente, formidable y de una calidad suprema. Respecto al misterio, simplemente por tu sugerencia, ya merece la pena comenzar a estrujarse el cerebro. Un abrazo