martes, 4 de enero de 2011

Matalbaniega, Palencia: iglesia de San Martín Obispo



'...el viento sopla donde quiere; oyes su voz pero no sabes de dónde viene ni donde va. Así es todo el que ha nacido del espíritu'.
[Evangelio de San Juan, 3, 5-8]

Nos encontramos aquí, en el pueblecito palentino de Matalbaniega, con uno de los templos más impresionantes de la provincia. Un templo que, bajo la advocación de la figura de San Martín Obispo -recordemos su nacimiento pagano, y una vez convertido al Cristianismo, su implacable persecución de otras concepciones filosóficas- se presta a un sin fin de consideraciones, entre las que se especula con una posible relación con la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón: los Templarios.
Así mismo, entre otras características ajenas a la misógena línea de pensamiento oficial, se considera que su enclave está situado en una confluencia de líneas telúricas, cuya influencia -digámoslo así- actúa de determinada manera sobre las personas, de modo que no resulta difícil experimentar cierta alteración de estado que, no me cabe duda, afecta de desigual manera en el exterior y en el interior del templo.
Si bien caminar por la planicie alejada del pueblo donde se ubica y donde los vientos la baten por los cuatro costados incluso en plena canícula veraniega, puede conllevar una cierta sensación de inseguridad e incluso de temor, me consta, por las manifestaciones de Dª Ángeles Revilla -a la que públicamente quiero agradecer los datos aportados y el gentil ofrecimiento de abrirnos la iglesia en nuestra próxima visita- y de un inestimable amigo y maestro, Alkaest -cuyo blog Laberinto Románico recomiendo desde aquí- que esas impresiones se convierten en una plácida sensación de paz, una vez instalados en su interior.
Es muy posible, y dado que se trata de un tema de bastante arraigo en la actualidad, que nos encontremos aquí frente a uno de los denominados Lugares de Poder; aunque, de manera personal, prefiero denominarlos Lugares del Espíritu, más que nada por los derivados implícitos que conlleva la palabra poder.
Este aspecto, posiblemente, venga a confirmar, una vez más, que los lugares no se elegían nunca al azar; acción, por otra parte, que ya era conocida por multitud de civilizaciones -incluída la cultura megalítica- algunas de ellas tan exóticas y tardíamente descubiertas como la china, cuyas técnicas ancestrales de construcción, hace tiempo que se utilizan por la arquitectura occidental moderna, a la hora de hacer más habitable un lugar, y donde, entre otros factores, interviene, de manera determinante, la orientación de edificio.
Volviendo a otro tipo de planteamientos, es sospecha de los investigadores e historiadores que han tratado el tema de la iglesia de Matalbaniega, que formaba parte de un monasterio cuyo claustro, por desgracia, no ha sobrevivido y del que no queda rastro alguno.
La torre, de aspecto robusto y probable carácter defensivo, es posible que se dejara tal cuál, sin terminar; detalle que acrecienta la impresión de parecer una iglesia-fortaleza, común a muchas edificaciones similares. No obstante, es en la contemplación de sus canecillos, donde un sólo vistazo resulta suficiente para plantearse, al observar su forma alargada e inusual en el románico de la zona, la posibilidad de influencias externas, seguramente procedentes de allende los Pirineos, consecuencia del tráfico de personas y estilos -tanto de pensamiento, como de ejecución- que conllevó el descubrimiento de los restos del Apóstol y la apertura del Camino de las Estrellas que, recordémoslo, recorre numerosos lugares de la provincia.
Su temática, variada, contiene, también, elementos fálicos que podrían hacer referencia al concepto de carne y pecado característico del pensamiento medieval, y en especial, un posible recordatorio a los monjes. Aparte de monstruos de difícil catalogación -similares, por no decir los mismos a los que Bernardo de Claraval tachaba de ridículos- llama la atención, por ejemplo, la repetitividad de figuras que muestran a personajes que portan libros abiertos en sus manos.
La espiral -símbolo hermético y característico, entre otros, de las hermandades de canteros medievales- está también presente entre los motivos canecísticos; los músicos, en ocasiones identificados con gente bohemia y de mal vivir por parte de la Iglesia, pero cuya influencia fue notable a todo lo largo y ancho del Camino de Santiago; las alusiones a la dualidad, tema no sólo presente en la cosmogonía del Temple sino también en las corrientes filosóficas de la Edad Media como parte fundamental del pensamiento cristiano occidental. Otro de los temas comunes, es el de la serpiente y la incipiente corriente de pensamiento que arrastra, que aquí, sin embargo, se nos presenta eminentemente orientalizada en la figura poco corriente de una cobra; incluso la cabeza de ciervo induce a interpretaciones alusivas, bien al alma bien a su relación con la caza y la figura de Jesucristo.
Elementos suficientes, en suma, para que una visita a ésta iglesia de San Martín Obispo, constituya de por sí una auténtica aventura simbólica y medieval, digna de ser recomendada.


videoAlineación al centro

2 comentarios:

Roberto dijo...

Muy interesante la cuestión de los emplazamientos de los edificios. En ellos nada se dejaba al libre albedrío y todo tenía su significado.

Lástima la desaparición del claustro, a saber dónde andarán ya esas piedras.

Visitaré el blog que recomiendas, a ver si me gusta tanto como éste.

Un saludo.

juancar347 dijo...

Hola, Roberto. En efecto, nada se dejaba al azar y la elección del lugar donde edificar el futuro templo, tenía -aparte de las cuestiones socio políticas- una importancia vital. Es muy probable que las piedras que constituyeron ese supuesto claustro, terminaran bien en fincas particulares, bien en algún museo. O bien que el tiempo y otros desastres como las guerras, terminaran haciéndolas desaparecer. Es una cuestión en la que procuraré indagar en mi próxima visita.
Por otra parte, me ratifico en mi recomendación del blog de Laberinto Románico. Saludos