sábado, 10 de noviembre de 2012

Románico alavés


La provincia de Álava, como vía de penetración a ese singular paradigma histórico que es el País Vasco, ofrece, a lo largo y ancho de su extenso territorio, muestras sensibles e interesantes de un Arte, el Románico, que se extendió como un reguero de pólvora, estableciéndose con saña sobre los ancestrales lugares de culto y tradición, de un pueblo, el vasco, cuyos orígenes aún hoy, en pleno siglo XXI, no han sido convenientemente establecidos y, por lo tanto, continúan siendo un auténtico enigma.
No es de extrañar, por tanto, que, independientemente de la ruta que tomemos -el norte, considerado de una manera estratégica por ser vía de penetración hacia el mar desde Castilla, o la denominada llanada alavesa, donde según los expertos, se localiza el románico de mayor calidad del País Vasco- tengamos, como visitantes, la certera sensación de que, en cualquier lugar donde nos detengamos, lo hacemos bajo la perspectiva de que no ha de tardar en parecernos sencillamente especial. Poco importa si, a priori, y aún dejándonos llevar por racionales juicios de valor, nos detenemos frente a la más humilde y rural de las ermitas, como aquélla, por ejemplo, dedicada a la figura ancestral de Andra Mari -la Gran Diosa Madre- o, por el contrario, lo hacemos expectantes frente a los despliegues técnicos e inconmensurables de lugares como la Colegiata de Armentia o el Santuario de Estivaliz. En ningún modo nuestra visita, ni la percepción del entorno en el que nos encontramos, nos dejará indiferente. Si aún tenemos la fortuna en nuestro viaje, de acceder a los auténticos templos megalíticos que, a pesar de que ya no muestran, en absoluto, todo el esplendor que tuvieron antaño, nuestras sensaciones se acrecentarán, y no sería extraño que, después de nuestra visita, retornáramos a casa haciéndonos mil y una cábalas, referentes a la mediática idiosincrasia del pequeño universo mistérico que acabamos que recorrer.
Es evidente, que yo no soy ningún experto en la materia; pero creo tener la suficiente sensibilidad, como para percibir lo especial que puede resultar intentar vivir el viaje que, a lo largo de las próximas entradas, propongo. Y sería un placer, llegado el caso, poder contrastar todas estas impresiones con aquellos que, sintiendo curiosidad y realizando la ruta propuesta, se sientan con ánimo de contrastar sus propias experiencias. Porque, si algo he aprendido a lo largo de estos años de camino, es que, independientemente de los credos y creencias, conlleva un enriquecimiento, cultural y humano, que suele desembocar, generalmente, en la más sincera de las amistades.
Bievenidos, pues, a esta pequeña sugerencia, que es el Románico Alavés.


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6 comentarios:

Baruk dijo...

Es muy cierto lo que dices del mútuo enriquecimiento cultural y humano ...y lo de la sincera amistad, y ya que nos ofreces una invitación tan cálida hacía ese viaje por el románico alavés, sigo a la espera de tus próximos pasos...digo, entradas.

Besines

*

juancar347 dijo...

Hola, Baruk:

De todo y de todos se aprende, y contrastar sensaciones y opiniones sobre temas que nos interesan, creo que nos beneficia a todos. Seguramente encuentres cosas interesantes, aparte de algunas que ya sabes. Pero lo bueno, es que siempre encuentras algo que se complementa con lo que ya conoces de otras regiones, y sirve, al menos, para especular. Porque realmente lo que hacemos, por regla general, no es sino especular e ir formándonos una idea de lo que, bajo nuestro punto de vista (equivocado o no) pudo haber pasado por la mente de los que construían estas obras tanto como de los que la encargaban. La ruta es larga, pero también amena. Un abrazo

Syr dijo...

En la última ocasión que visitamos la Llanada alavesa, recuerdo la sensación bochornosa de la "ola de calor" que nos pilló ( literalmente) en Armentia.

No obstante, seguiré con gusto este blog tuyo e intentaré seguir el recorrido que propongas con lo que de él podamos aportar.

Y esas Andras Mari... ¡ Las que gustes.

Un abrazo

juancar347 dijo...

Lo que es la vida, mi querido Syr: tu viviste la llanada alavesa achicharrado de calor y yo, casi me ahogo de la cantidad de agua que pudo caer en esos días. Recuerdo que Armentia había despertado con la resaca de las fiestas y los barrenderos, con un par de narices, dejando la colegiata y sus inmediaciones en estado de revista para continuar las celebraciones. Es difícil sorprender a un viejo zorro como tú, qué duda cabe, pero creo que hay temas cuya discusión puede resultar de lo más interesante. Y si alguna 'burrada' se deja caer en el camino, siempre es bueno saber que hay un coscorro amigo detrás. Un abrazo y hasta que las Andra Mari nos inviten a bailar su dulce canción.

Alkaest dijo...

"Burradas" no se si habrá, lo que si hubieron fueron burros por los caminos... Lo certifico y rubrico, como agradecido compañero de viaje, por esa "terra incógnita" que es el románico de Euskadi.
Y aunque sólo rozamos el sur del país, podemos certificar la riqueza de su arte, sus paisajes y sus gentes.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Completamente cierto, sobre todo lo de los burros, de cuya presencia se dejará constancia en alguna entrada. Animal, por otra parte, que no desmerece y cuya nobleza queda certificada por el rico simbolismo que le acompaña. Como tampoco desmerece, en absoluto, el compañero de fatiga, con el que tuve el gran honor de descubrir parte de la riqueza (a todos los niveles) de ésta peculiar región, sin olvidar mencionar, además, el insustituíble detalle de lo mucho que se puede llegar a aprender de él.
Un abrazo