lunes, 4 de mayo de 2015

El monasterio de San Juan de Poio


'Una legua mas abajo de Armentera ácia Pontevedra en la misma Costa de la Mar está un Monesterio de Benitos de este nombre, en un sitio muy hermoso, que mira à la Mar, y à una Isla que el Monesterio tiene cerquita, y en el hay Naranjos, y Arraihanes, y aun una gran palma, que ya se ha secado. La primera fundacion de este Monesterio es tan antigua, que no hay della memoria, y se cree cierto fue Real. Lo que agora parece es un Privilegio del Conde D, Ramon, su data à los 15. de Enero año MCV, quando tenía el Conde el Señorío de Galicia, que su suegro le habia dado. Dales el Conde en este Privilegio muchas cosas, Once años adelante ultimo de Marzo la Reyna D. Urraca, muger del Conde, en otro Privilegio señala el Coto del Monesterio, y dice que lo tenga como lo tuvo en tiempo de su Abuelo el Rey D. Bermudo. No tienen enterramiento Real, ni Libros, ni Reliquias, sino unas pocas menudas sin noticia de que sean; y ningún Sufragio hacen sino los comunes de la Orden' (1)

Al parecer, cuando Ambrosio de Morales realizó su famoso viaje por orden de Felipe II, en busca de reliquias con las que alimentar el ya de por sí extraordinario lugar de poder levantado en las proximidades del Monte Abantos, el nuevo Templo de Salomón, el monasterio de San Lorenzo de El Escorial -obsérvese, que ya el nombre del santo, está relacionado con la que quizás sea la reliquia más buscada de la Edad Media, el Santo Grial-, llegó a este singular monasterio de San Juan de Poio -o de Poyo-, procedente de Santiago de Compostela, el Padrón y Catoira, describiendo un itinerario costero de singular magnetismo y belleza integral, y dado que, según él mismo comenta en la relación de su visita, tampoco pudo apreciar entre sus muros, parte de esos misteriosos orígenes que habría que remontar, cuando menos, a los inicios del siglo XII, habría que considerar, como así parece confirmar su estructura actual, que fue prácticamente remodelado por completo en época renacentista. Yerra, no obstante, al considerar que entre los muros cargados de sobriedad, de ecos lejanos, presencias invisibles y misterios del viejo monasterio benito -hoy día, regido por la Orden Mercedaria-, destaque la ausencia de reliquias, siendo hasta cierto punto incomprensible, que no realice siquiera una mínima mención a una curiosa y cristobalina santa, muy venerada en la región, cuyo sepulcro, románico por más señas, todavía se conserva en una de las capillas laterales anexas a la iglesia, bajo la mirada vigilante y burlona pero significativa de un hombre-verde: Santa Trahamunda. Como ya veremos en una próxima entrada, Santa Trahamunda forma parte de ese curioso santoral heterodoxo, de presencias poco o nada corrientes aunque convenientemente situadas en lugares estratégicos del Camino, que inducen a reflexión, y sobre todo, a buscar las claves que se ocultan detrás de su aparente simbolismo conservador. Como San Serapio, mártir mercedario que ocupa lugar en el Retablo Mayor de la iglesia, por debajo y a la izquierda de las prominentes figuras del Padre Eterno y el Cristo Crucificado, o el próximo San Ero -del que tendremos también ocasión de hablar más adelante, cuando en nuestro viaje lleguemos a otro lugar extraordinario, como es Armenteira-, San Virila de Leire o el Patrón navarro del Camino, San Veremundo -teóricamente, originario de Villatuerta, población cercana a Estella y, curiosamente, también a la importante encomienda templaria de Aberin-, también Santa Trahamunda invita a caminar; a ir más allá, a ver mundo y aprender las lecciones vitales que contiene toda obra y toda ruta sagrada, donde hemos de suponer, que nada se dejaba al azar. Quizás por ello, no nos resulte extraño observar que en su claustro, artísticamente representados en hermosos mosaicos, se localice una deliciosa relación de las diferentes etapas y lugares principales que conforman el que quizás sea el Camino a Santiago más seguido y popular, el Camino Antiguo o Camino Francés, realizados, entre otra variedad de obras, por los alumnos y profesores de la antigua Escuela de Mosaicos y Cantería, que ocupaba lo que fueran las dependencias del primitivo refectorio de los monjes y donde actualmente se conserva un pequeño museo artístico que se recomienda visitar.
Precisamente en el claustro, ya hemos dicho que renacentista, como buena parte del viejo cenobio benito, el camino vuelve a encontrarse con la magia de los antiguos simbolismos, de manera que entre los relieves de los medallones de las claves principales -que a juzgar por los restos, en su momento debieron estar brillantemente policromados-, se advierte la presencia, comparativamente hablando, del Jano cristiano; o lo que vendría a ser lo mismo: de los dos Juanes, los dos marcadores solsticiales, con el detalle añadido de que la mano del Evangelista, en ocasiones también llamado el Divino, muestra el cáliz del que sobresale la serpiente gnóstica -a veces transformada en un pequeño dragón, como en este caso- de la Sabiduría. Las otras dos claves principales, estarían representadas, al parecer, por San Benito -o San Bieito, como se le conoce por estos lares- y por Santiago el Mayor.
Como los evangelistas, como los ríos del Paraíso -recordemos, que en todo claustro existe el correspondiente jardín o paradysum en su punto central- o como los elementos básicos de la Alquimia, cuatro son también los rostros representativos de los genios que gobiernan los puntos cardinales y sus vientos asociados; aquéllos que, comparativamente hablando, se conocían en Egipto como los cuatro hijos de Horus.
Magia, misterio y sorpresas, aunque no sea conservada en sus primitivos orígenes románicos, hay de sobra en este lugar -habilitado también como establecimiento hostelero- que hemos de situar a escasos seis kilómetros de Pontevedra capital y en las proximidades de pueblos de excelencia y belleza marinera, como Combarros, por los que discurre el camino del peregrino hacia otro lugar, Armenteira, cuya magia no se recomienda dejar pasar de largo. No obstante, se aconseja hacer siquiera una breve parada, en éste, el que será el tema de una próxima entrada: el Mirador de Samieira.

video

(1) Ambrosio de Morales: 'Relacion del viage de Ambrosio de Morales chronista de S.M. el Rey D. Phelipe II a los Reyos de León, Galicia y Principado de Asturias el año de MDLXXII', Edición facsímil de la editada en Madrid en el Año de 1765, Ediciones Guillermo Blázquez, Madrid, 1985, ejemplar Nº106, página 138.