miércoles, 27 de febrero de 2008

El enigma de la Inmaculada Concepción de Campisábalos


Por Teresa Hernández Benito


Aún desconociendo el origen y el autor de esta talla, queremos hacer un intento por describir esta imagen, en muchos aspectos un tanto enigmática, ya que por su tamaño y estilo se puede datar aproximadamente alrededor del siglo XVII, pero su rostro nos retrotrae a épocas , cultos y estilos más arcaicos.
Sus facciones hieráticas y rígidas nos hacen recordar, por sus rasgos, los rostros de “vírgenes negras” de los siglos XI – XII.
¡Quizás a más de un entendido en la materia, esto pueda parecerle una barbaridad! Pero si nos fijamos detenidamente en este rostro y tratamos de imaginarlo de color negro… ¡no iríamos muy descaminados!
Dejando aparte esta “pequeña salvedad” y haciendo un análisis completo de la talla, podemos resaltar las siguientes características:
Se trata de una talla de bulto redondo, en madera policromada. De ejecución un tanto tosca en cuanto a los rasgos físicos del rostro, pero con un acertado tratamiento de los pliegues de los ropajes y de las formas y curvas del cuerpo, no exentas de cierta sinuosidad. La imagen se posa de pie sobre un pedestal de nubes y querubines, y adelanta la pierna izquierda (normalmente es la pierna derecha la que se adelanta o bien los ropajes no marcan la anatomía), aunque este detalle varia según los autores.

En este caso, el tratamiento de las vestiduras hace hincapié en reflejar la anatomía, marcando con mayor énfasis la “feminidad” de la figura, que se nos asemeja a una gran “matrona”.
La figura viste túnica roja con adornos en oro y manto verde, lo cual es bastante inusual en una representación de la Inmaculada Concepción, aunque no excepcional…En la mano izquierda presenta un orificio que nos hace pensar en la probabilidad de que la imagen portase un objeto o atributo, del que más tarde hablaremos.

Algo que llama la atención es el rosario que la virgen porta en sus manos, seguramente un añadido posterior a la ejecución de la talla.

Este rosario parece realizado en plata y de características similares a los realizados en la isla de Malta; su peculiaridad radica en la cruz que porta, mezcla o unión de la Cruz de Malta más la Cruz de la Orden de Calatrava.La orden de Malta también fue denominada “Orden de los Hospitalarios de S. Juan de Jerusalén, orden que puede decirse sucesora de la orden del Temple.

La Orden de Calatrava, por su parte, también es una orden religioso – militar, con grandes semejanzas a la Orden del Temple y como esta, también fueron despojados de sus posesiones.

Entre las obligaciones de esta orden, destaca una de ellas que nos interesa especialmente ya que tenía como fin, defender la idea de la Inmaculada concepción de Maria; este hecho, junto con la aseveración de que la zona donde está ubicada la capilla que guarda “nuestra” imagen, fue una zona prolífica en asentamientos coetáneos de varias ordenes militares y religiosas, a saber : Hospitalarios, Calatravos y ¿porqué no? Templarios, nos afianza en la idea de que la persona que “colocó” el rosario en manos de esta imagen, no lo hizo al azar.
Visto todo esto nos cuestionamos una serie de preguntas a las que podemos contestar a través del análisis de todo lo expuesto.En la mayoría de los estudios de tallas marianas carecemos de una documentación adecuada y sobre todo fiable, pero a mi modo de ver, los documentos más precisos y fiables que tenemos son nuestros ojos, nuestro espíritu y nuestro intelecto y ¡¡hay que saber mirar con el conocimiento y sensibilidad que nuestros ojos pueden captar!! y a través de esa visión, nadie nos puede prohibir hacer un análisis que vaya más allá, de lo que una simple mirada pueda captar.

De esta forma una simple talla de la Inmaculada, nos lleva a pensar : ¿porqué esta imagen, aparentemente tosca, nos llama la atención de una manera tan “acaparadora”? … por su monumentalidad, por el lugar donde se encuentra ubicada … pero fundamentalmente por una serie de indicios que el observador un tanto iniciado en temas esotéricos y ocultistas puede encontrar en ella, si es capaz de observarla bien.
Hemos hecho mención anteriormente de la expresión rígida e hierática del rostro de esta imagen que nos retrotrae a los rostros de las denominadas “vírgenes negras” y efectivamente es así, solo le faltaría el color negro en el rostro, para que se tratase de una talla de esta época … pero se trata de una Inmaculada, creemos que bastante posterior.
Ahora bien, si nos fijamos seriamente en esta imagen, no solo las facciones del rostro nos llevan a pensar en aquellas tallas de los siglos XI – XIII; detengámonos un momento en el colorido empleado en sus ropajes:
Túnica roja.
Manto verde.
Detalles dorados…
Si conocemos la simbología de los colores empleados en el tratamiento de las llamadas Vírgenes negras, vemos como existen
una serie de coincidencias, tanto mas importantes, cuanto mayor es la distancia cronológica entre las épocas y concepciones de las vírgenes en majestad y las Inmaculadas.
Así nos podemos plantear el hecho de que el artista, por una serie de circunstancias largas de enumerar aquí, no pudo darle a su talla un color oscuro, pero si un sentido ocultista y esotérico que él quiso dejar reflejado en su obra, a través de un mensaje “encriptado” y de unos símbolos que pueden leerse en el hieratismo y rigidez del rostro y en los colores empleados en los ropajes que porta la talla de la virgen.
El hecho de que la Inmaculada porte una túnica roja, no es algo inusual, pero sí raro, aunque su simbología nos muestra el martirio psicológico de Maria al padecer el sufrimiento de su hijo y suele chocar la expresión de seriedad del rostro de la madre, frente al de inocencia del niño, que Maria porta en sus brazos; el martirio de Jesús quedaría reflejado “esotéricamente” en el color rojo del vestido de Maria. Pero este no es el caso que nos ocupa, ya que aquí la virgen no porta ningún niño y aunque carecemos de datos sobre esta talla, el pequeño orificio que muestra la mano izquierda, no podría haber sido el soporte de sujeción de la talla de un niño Jesús, sino el de un objeto más pequeño, seguramente un atributo relacionado con los símbolos que hacen alusión a su virginidad y pureza: espejo, rosas, azucenas, frutas, etc; símbolos en definitiva cuyas fuentes encontramos en las Letanías Loretanas, provenientes estas últimas del santuario mariano de Loreto en Italia (por cierto esta virgen es negra).
Si seguimos con el atuendo cromático de esta talla, vemos como sobre la túnica roja, porta un manto verde, lo que es muy raro en éste tipo de representaciones, pero no en las vírgenes negras, cuyos colores primordiales eran el negro (color de la talla),asociado al azul oscuro o verde en ocasiones: lo que simbolizaría la materia primordial alquímica, representada en la talla que nos ocupa, en las facciones del rostro.
Los colores utilizados en los vestidos y en la cátedra (silla donde se soporta la talla) de las vírgenes negras, eran: blanco, rojo y azul, colores con una simbología alquímica; ya sabemos que los artesanos de la edad media, no dejaban nada al azar y los colores se elegían en función de la representación de una idea, teniendo cada color un impacto simbólico determinado. De esta forma, los colores empleados, estaban relacionados directamente con las operaciones alquímicas, que tenían como fin la consecución de la “gran obra”, a través de la transformación de la materia primordial (color negro), llegando a la consecución de la piedra filosofal o catalizador; para llegar a esto, la materia primordial ha de pasar por una serie de operaciones relacionadas con una serie de coloraciones determinadas:

Negro, al que se podía asociar el azul oscuro (color de la noche), y en ocasiones el verde oscuro; ésta primera etapa representaba la “putrefacción”, por la que debía pasar la “materia”. Este color estaría representado en nuestra talla, como ya hemos dicho, en las facciones de la virgen, aunque, claro está, de una manera esotérica u ocultista.

Blanco, representado esotéricamente en nuestra imagen, por la representación de una Inmaculada; este color correspondería a la fase siguiente de purificación de la materia.
Rojo, simbolizaba el fuego y la “rubificación”, a través del “fuego secreto”; este era el color último o el de la consecución de la obra. En nuestra talla, estaría representado en el color de la túnica que porta la virgen.
Dorado: Este color tiene una amplia simbología en las dos concepciones de las tallas marianas, tanto de las Románicas como de las Barrocas; es decir, tanto “majestades” como “Inmaculadas”.
De esta forma nos damos cuenta cómo en las tallas románicas el color negro (materia prima, asociada a las facciones de la madre y del niño), junto con el azul o verde oscuro, el blanco y el rojo, representan las transformaciones por las que pasa la materia, durante la obra, para terminar la operación a través del color dorado, o del metal puro, obtenido en la fase final de la transmutación y ¡¡éste sería el símbolo de la perfección para los iniciados, es decir, la suma del conocimiento en su mas amplia acepción!!.
Como vemos toda esta teoría asociada esotéricamente a las vírgenes negras, la podemos “trasvasar” a nuestra Virgen de Campisábalos, representada como Inmaculada, pero cuyos rasgos, facciones y expresión nos hablan de un artista que dotó a su figura de unas connotaciones que nos hacen recordar a una gran “matrona” representativa de la fecundidad y tanto su cuerpo como su rostro, harían alusión a las efigies representativas de la “Madre Tierra”.
Por último, el artista “colocó” unos colores en su talla, que nos recuerdan las fases de la transmutación alquímica. Y si queremos hacer una alusión más espiritual sobre el color dorado, asociado a las tallas de la Inmaculada, solo tenemos que recurrir a S. Bernardo, cuando continuamente habla de “una mujer cubierta de sol”, haciendo alusión también al pasaje del Apocalipsis, dentro de un lenguaje cristiano, aunque ésta frase también hace alusión a un culto solar, ancestral y fundamentalmente céltico, en el que la tierra sería fecundada por el sol y aquí tendríamos la dualidad femenina y masculina, que tantas veces vemos en el lenguaje esotérico románico. Resumiendo … nuestra teoría es que el artesano que talló ésta imagen tan enigmática, conocía los entresijos de la simbología ocultista, plasmada en las imágenes de las vírgenes negras románicas y góticas y a pesar de su desfase cronológico, quiso dejar patente su mensaje “encriptado” en una Virgen Inmaculada, que por su simbología nos retrotrae a las tallas románicas negras, dejándonos un mensaje alegórico y ocultista, asimilado a la Edad Media: esto también nos habla del conocimiento “especial” de este artista, que supo dejar su mensaje oculto en una talla aparentemente “tosca”, pero ¡¡eso sí… muy enigmática!!




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