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Luna: iglesia de Santiago

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S ituado a una distancia de 24 kilómetros de una ciudad de relativa importancia, como es Ejea de los Caballeros, y a 12 kilómetros escasos de la interesante población oscense de El Frago, la pequeña población de Luna guarda como un tesoro histórico, artístico y cultural legado por sus ancestros, dos interesantes templos románicos, no exentos de belleza e interés. Dichos templos, son la iglesia de San Gil, ubicada en las afueras del pueblo, y la iglesia de Santiago, cuya ubicación hay que situarla en el interior de su casco urbano, aunque relativamente cerca de la anterior. De hecho, si no fuera por un pequeño montículo y una curva en el camino, ambas iglesias se podrían ver perfectamente desde la una a la otra. P or otra parte, coincido con el pensamiento de Juan Pedro Morin Bentejac y Jaime Cobreros Aguirre, cuando afirman que el románico ha sido llamado con razón el estilo de la peregrinación tanto por su coincidencia con los momentos de alta espiritualidad como por el enorme porcent...

Murillo de Gállego: Iglesia de San Salvador

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M urillo de Gállego, pueblecito zaragozano que, sin embargo, y dada su privilegiada situación junto a los Mallos, se encuadra dentro de la denominada Hoya de Huesca . Un pueblecito pinturesco, de casas que se apiñan sobre la ladera de un pronunciado montículo, en cuya cima, como un imponente e impasible halcón, una construcción impresionante que consigue, dado su espectacular tamaño y su volumen, que el pueblo parezca definitivamente pequeño: la iglesia de San Salvador. F iel a algunas otras construcciones de la zona, un simple vistazo resulta suficiente para discernir que en los patrones constructivos, los canteros medievales desarrollaron hábilmente la idea de las iglesias-fortalezas, característica de unos tiempos de dura, costosa reconquista. P eyorativamente hablando, y vista así, incluso en la distancia recuerda esa inexpugnable fortaleza de Aquila inmortalizada por el Séptimo Arte en películas como Lady Halcón , mezclando, la ya de por sí magia inherente al Medievo, con secreto...

San Pedro el Viejo: Segunda Parte

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El Claustro D icen los historiadores, que ya desde 1096, tras la batalla de Alcoraz y la entrada triunfal del rey Pedro I en Huesca, se denominaba a San Pedro con el sobrenombre de el Viejo, para demostrar su carácter antiguo. Y no es para menos si, tal y como expuse en la entrada precedente, se sospecha que antes de que se levantara este templo, existió un templo romano, otro visigodo y aún un tercero más, de índole mozárabe. P or otra parte, resulta paradójico, sin embargo, la extraña sensación que produce penetrar en su interior y, una vez imbuídos de la curiosa magia que impera en la nave, adentrarse en su claustro y encontrarse con una renovación que, posiblemente necesaria, resta, sin embargo, esa magia arcana al menos a veinte de sus treinta y ocho capiteles originarios del siglo XII. Y no obstante, intuyendo la mano del misterioso Magister de Agüero y también de San Juan de la Peña, según se cree, el maravillado espectador no puede, por menos, que dejarse influenciar por los de...

San Pedro el Viejo: Primera Parte

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S in duda, todo un emblema situado en pleno casco antiguo de la capital oscense. Un emblema, desde luego, que a día de hoy continúa desafiando los pormenores de un génesis babélico, en el que se especula con un templo romano; otro posterior, visigodo y aún un tercero más, mozárabe, hasta llegar a ese neblinoso siglo XII que es, al parecer, el periodo histórico en el que se levantó el templo que hoy día podemos admirar, y que aún, en épocas donde pensamos que ya lo sabemos todo -o casi todo- continúa sorprendiéndonos. Al menos, a mí me lo parece, aunque también es cierto que sólo he estado en una ocasión. Suficiente, no obstante, para comprender -al menos en parte- la gran importancia que se le ha dado a lo largo de la Historia, a través de la que, desde luego, como en el caso del templo de Santiago de Agüero, se vuelven a encontrar personajes de notable relevancia, como Ramiro II, su hermano, Pedro I y, naturalmente, el enigmático Maestro de Agüero, que dejó una indudable marca de cal...

Agüero: iglesia de Santiago

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S ituada a cierta distancia, pero no obstante enfrente del pueblecito de Agüero y el espectacular telón de fondo de sus famosos Mayos, la iglesia de Santiago constituye una exquisitez artística, capaz de atraer por sí sola incontables visitas. Modelos, símbolos, señales compañeriles y un número indeterminado de detalles, cuando no de verdaderos enigmas, son sólo algunos de los alicientes más destacables de cuantos conforman este singular puzzle histórico-artístico. Un puzzle histórico, como digo, y a la vez artístico, que gira, no obstante, alrededor del eje fundamental de una figura -por más señas, enigmática, como no podía ser de otro modo- cuya impronta personal parece que caló profundo en no pocos de los templos de la provincia, así como también en templos de provincias vecinas, hasta el punto de identificarse su rastro, en lugares de indudable importancia, como San Juan de la Peña, en Jaca y San Pedro el Viejo, en Huesca capital. D icen los expertos, refiriéndose a este Maestro d...

Agüero: iglesia de San Salvador

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A güero, pequeña pero inolvidable población oscense que, aparte del esplendor sobrenatural de los Mallos que llevan su nombre, atrae a todo apasionado por el Arte en general y por el románico en particular, con dos elementos dignos de admiración: la iglesia de San Salvador, enclavada en pleno casco urbano y la soberbia iglesia de Santiago, situada, aproximadamente, a un par de kilómetros más allá, en lo más elevado de un paraje natural de singular belleza. S i bien es cierto que, al contrario que ésta, del románico original apenas sobrevive la portada y poco más en San Salvador, no es menos cierto que dicha portada, influida por la figura simbólica y centralizada del Pantocrátor, reviste detalles importantes, no exentos de interés. P osiblemente porque no tenga relación con el mensaje evangélico imaginado por el Magister en cuestión -posiblemente el mismo o perteneciente a la misma escuela que el que trabajó en la iglesia de Santiago- y porque, aparte de constatar su presencia en nume...

Salud y Románico

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Y o lo veo de la siguiente manera: imaginemos que estamos a 28 de marzo, y amanece un domingo de Ramos verdaderamente espléndido. Frente al hotel, al otro lado de la carretera, el sol dora, con mimo progresivo, las milenarias piedras de la iglesia de San Salvador. Apenas pasan unos minutos de las ocho de la mañana, pero allí, en lo más alto de su espectacular torre mudéjar, las cigüeñas hace rato que han comenzado su actividad vespertina; algunas, incluso, fortificando aún más sus ya de por sí amplios y confortables nidos. Por el contrario, diminutos pero altaneros en su creciente número, los gorriones reivindican su espacio vital en las ramas de los árboles que circundan la avenida, y de hecho, uno de los laterales de la iglesia. Un grajo, sin duda más grande y fuerte, pero incapaz de enfrentarse solo a la inquieta turba de gorriones, levanta enfadado el vuelo, perdiéndose por encima de la azotea del hotel. Aún hay tiempo, antes del desayuno, para acercarse hasta la magnífica portada ...