El románico perdido de Palencia: la portada del cementerio de Vega de Bur
Queda atrás el apacible pueblecito de Cantamuda y su gloria románica, como es la iglesia de San Salvador y a los pocos kilómetros, como si de una de las terribles cuartetas apocalípticas de Michel de Notredame, más conocido, quizás, como Nostradamus, se tratara, el viajero se sorprende, dolorosamente, cuando se encuentra, completamente seco, un embalse, el de Requejada, que, apenas dos meses antes, a finales de junio, cuando, descendiendo de Potes, realizó esta misma ruta, rebosaba agua y vitalidad. De hecho, en esta ocasión, a primeros de octubre, son las vacas quienes han vuelto por sus fueros, a deambular por su limo seco, en el que, quizás, con el tiempo, el pasto vuelva a recuperar la fuerza de antaño, haciendo bueno el refrán de que nadie mejor que la propia Naturaleza para lamerse y recuperarse de las heridas que continuamente se le infligen. Con desazón y haciéndose mil y una cábalas, el viajero continúa su ruta, sabedor, de que ahora, apenas comenzando a rodar por la com...