Olleta, Navarra: iglesia de Nª Sª de la Asunción
Aunque no se sabe a ciencia cierta, se sitúa la construcción de la iglesia de Nª Sª de la Asunción -probablemente, tampoco sea éste el nombre advocatorio que tuvo en sus orígenes- en el periodo comprendido entre los años 1170 y 1200. En su conjunto, destaca el cimborrio o linterna, construído, según detallan los folletos informativos que se encuentran a disposición del público en el interior de la iglesia, en 1870, aunque cabe suponer que realmente se tratara de la recuperación de una pieza anterior y original del templo primitivo, que estuvo a punto de perderse por derrumbe.
Este, entre algunos otros, constituye un detalle en el que los expertos tienden a observa cierta similitud con las características estructurales de otras iglesias de la zona, como la de Cataláin y Echano, aunque en ésta última, por los motivos que fueren, no se optó finalmente por la inclusión de la cúpula o cimborrio.
Llama la atención, en el modesto pórtico de entrada situado en el lado norte, una vez dejado atrás un pequeño jardincillo en el que todavía subsisten varias estelas funerarias -tema éste de las estelas funerarias navarras, del que hablaré en otra entrada más adelante- la existencia de unos modestos capiteles, cuyos motivos reproducen básicamente elementos vegetales -aunque con la inclusión, en uno de ellos, de una figura humana escondida entre la hojarasca- así como la presencia de un crismón que contiene algunas peculiaridades que, no obstante por curiosas, inducen, cuando menos, a la especulación: cuatro pequeñas cruces, similares a la del tipo paté, delimitan los cuatro puntos cardinales del crismón. Aparentemente, éste contiene todos y cada uno de los elementos esenciales. A saber: las nociones de Principio y Fin, definidas por las letras griegas alfa y omega; la P y la S, e incluso la cruz aspada o cruz de San Andrés que, curiosamente, en el caso que nos ocupa, está conformada por sendas tibias cruzadas. Otra tibia, mucho más pequeña, conforma el travesaño horizontal de la cruz principal que, en vista a otro pequeño travesaño tibial, más pequeño incluso que el anterior y situado algo más arriba, conformaría una cruz patriarcal que induce a ciertas sospechas que se alejan, en principio, de las intenciones de la presente entrada. No obstante, queda el aviso para que cada uno saque las oportunas conclusiones.
Cabe comentar, en cuanto al interior se refiere, la existencia de pinturas, datadas en los siglos XIV-XV, que cubrían, al parecer, todas las paredes, ábside incluido, y que fueron trasladadas al Museo de Navarra en 1957.
Interpretadas en los folletines informativos como figuras sedentes atormentadas por demonios', localizadas en los capiteles del arco triunfal, volvemos a encontrarnos aquí con la representación románica de la figura del avaro, similar a aquella otra que se localiza también en uno de los capiteles interiores de la iglesia de San Martín de Frómista, en Palencia, aunque el artista de Olleta fue menos escrupuloso y obvió el significativo detalle de la estrella de cinco puntas, que durante la Edad Media -simbolismo general aparte- caracterizaba a avaros y judíos.
Anexa a la iglesia, se localizan una serie de edificaciones que hoy en día conforman el Club Social, y que en su momento, fueron la casa del abad -posteriomente del párroco-, el granero -o Primicia- sirviendo el sótano como cárcel.
En definitiva, un lugar cuya visita recomiendo, aderazado, en las proximidades de la iglesia, por un puente medieval, cuya visión queda entorpecida, en parte, por la maleza que lo cubre.
Comentarios
Que fascinante contemplar esa linterna y que amabilidad la de la señora que nos atendió. Su gentileza contrastó con la del auténtico guardián de las llaves, huraño y malcarado.
Pues no sabia decirte el por que, pero a pesar de la ruidosa sierra electrica del "pelma currante", en ese lugar me sentí plenamente a gusto.
Un abrazo
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Un lugar que invita a pasear sus calles, lentamente, sin prisas, degustando las viejas casonas, sus escudos nobiliarios -alguno bien extraño-, sus dinteles con símbolos solares célticos para protegerse de los malos espíritus...
Y ese templo, con el peculiar crismón "óseo", en ocurrentes palabras de Juancar, no exentas de intencionalidad simbólica.
El mundo de los crismones, y el de las estelas, es un territorio bien interesante, lleno de sorpresas y, también, de trampas...
No olvidaros del puentecillo medieval, oculto por la vegetación, que daba paso a esa entrañable puerta de acceso al pueblo.
Salud y fraternidad.