La espectacular iglesia románica de Pineda de la Sierra
Dentro de la múltiple variedad de comarcas y municipios que
conforman ese metafórico y mesetario corazón de España, que es la Vieja
Castilla, existen zonas, que, por sus peculiares características han devenido,
con el paso del tiempo, en lugares donde la leyenda y la tradición han
arraigado con especial carisma.
Uno de tales lugares, situado a unos cincuenta kilómetros, aproximadamente, de Burgos capital, es, sin lugar a dudas, este pequeño pueblecito montañés de Pineda de la Sierra, cuyo enclave se levanta en las proximidades del embalse del Arlanzón y además, en pleno corazón de una de las zonas geográficas más misteriosas de España: la Sierra de la Demanda.
Hay quien, en base a esta nomenclatura, ‘de la Demanda’, ve, en su origen, antiguos pleitos nobiliarios que se remontan, cuando menos, a aquellos oscuros periodos medievales, inmersos en una Reconquista, en la que, en ocasiones, el enemigo a batir no era el poderoso ejército musulmán dirigido con mano férrea desde el Califato de Córdoba, sino también, la insaciable ambición de reyes y nobles, que, en muchas ocasiones, hizo que este imperioso deseo de unificación y de recuperación del antiguo territorio arrebatado, se ralentizara, postergándose varios siglos en el tiempo.
Otros, por el contrario, ven en ello, una señal de índole eminentemente esotérica, derivada, sobre todo, de la introducción en la Península, principalmente, por parte de cistercienses y templarios, de las sagas relativas a la búsqueda –‘quest’ o ‘demanda’- de uno de los objetos sagrados más misteriosos y fascinantes, que, a partir del siglo XII, se desplegó, como un reguero de pólvora, por todas las Cortes trovadorescas occidentales: el Santo Grial.
Precisamente, de este genuino siglo, el XII, es la fenomenal iglesia románica de Pineda de la Sierra, dedicada a una figura no menos peculiar, como es la de ese misterioso santo, Esteban Protomártir, al que se considera como el primero de los mártires cristianos y que murió lapidado, según sus ejecutores, por blasfemias contra la ley de Moisés y contra Dios, al predicar parte de los primeros conatos de una doctrina, que, con el tiempo, se convertiría en una de las religiones más poderosas del mundo: el Cristianismo.
Si bien, no parece haber una referencia clara a esta figura -que sí podemos encontrar, con toda la fuerza emotiva y dramática que conlleva, en otros templos similares, como aquél que también lleva su nombre, en el pueblecito de Corullón, situado en el Bierzo leonés, a escasa distancia de una iglesia, aparentemente, templaria, como es la de San Miguel- sí podemos observar, en su escultura de los capiteles que sustentan las arquivoltas del pórtico de entrada, una curiosa referencia a la figura del Salvador, cuya prédica le costó la vida al joven Esteban: una Epifanía.
Esta, se complementa, en los capiteles del lado opuesto, con las corrientes referencias al pecado y a otros cultos anteriores, representadas por las tradicionales figuras de seres mitológicos, entre los que cabe destacar arpías, grifos y un centauro-sagitario asaeteando a una sirena.
Pero, posiblemente, lo que más llame la atención, en su conjunto, sea la sensación de elegancia y armónico equilibrio proporcionada por su elegante galería porticada, elemento, que, además de proteger a los fieles de las inclemencias del tiempo -en este caso justificadas, pues por su altitud y situación, son notables lluvias y nevadas- solía tener, también, una función simbólica, representando las puertas de la Ciudad Santa por excelencia: Jerusalén.
También su interior es notablemente sorprendente, pues nos hace ver, en su transición del románico al gótico, esas magníficas nervaduras, en forma de delicados lazos, que nos sorprenden por su magistralidad y delicadeza, sobre todo, teniendo en cuenta las técnicas y herramientas de una época, supuestamente arcaica, que, sin embargo, rozaban siempre la perfección.
Digno de mención, además, es la figura, románico-gótica también, de la denominada Virgen del Monte, también del siglo XII, realizada en madera y con un precioso manto y tocado cromado en tonos dorados, que representa la típica Virgen Theotokos o Trono de Dios.
En definitiva: aparte del entorno, espectacular y especial para la aventura, el senderismo y algunos deportes náuticos permitidos en el cercano embalse del Arlanzón, tenemos, en Pineda de la Sierra, no sólo un encantador pueblecito tradicional, sino también, el custodio de uno de los templos más fascinantes del inconmensurable patrimonio histórico, artístico y cultural de Burgos.
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