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Santa Cristina de Ribas de Sil

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S hakespeare habló alguna vez en sus obras, acerca de la materia de la que están hechos los sueños. Me pregunto qué hubiera pensado y escrito el famoso dramaturgo, de haber tenido la oportunidad de acercarse hasta el entorno donde se levanta este dulce sueño material que, en definitiva, es el monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil. Resulta imposible precisar –y aquí nos adentramos, siquiera sea como recurso literario, en el fascinante universo de los mitos platónicos-, en qué preciso momento histórico la sombra de este proyecto abandonó la oscuridad de la Caverna para nacer al mundo de la Idea, aunque todo parece indicar que sus orígenes, como los del cercano monasterio de San Pedro de Rocas, fueron también intrínsicamente eremíticos. No obstante los mismos, y quizás obedeciendo a ese fenómeno común a la mayoría de los pueblos de ésta vieja Iberia de no recurrir al auxilio de la escritura sino siglos después de suceder los hechos y a una escala reducida, generalmente, de p...

San Pedro de Rocas

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A l hablar de un lugar como San Pedro de Rocas, no sólo se hace referencia al más antiguo de los monasterios de la Ribeira Sacra, sino probablemente también, al más antiguo, al menos conocido, de los monasterios de Galicia e incluso, apurando aún más si cabe, de la Península. Acceder a él, siquiera sea por unos breves instantes, es adquirir de alguna forma y figurativamente hablando, un pasaje de embarque, sin ningún tipo de garantías, en la impredecible nave del Tiempo y del Misterio, esperando, cuando menos, navegar en un mar histórico picado. Ahora bien, una vez lejos de las primeras aprehensiones de saberse caminando sobre un monumental cementerio, a través del impresionante silencio de unas tumbas solitarias, olvidados los huéspedes de toda clase, edad y condición que un día albergaron piadosamente, difícil resulta no pensar en ese impenetrable Velo de Isis teosófico que oculta los inicios de una forma de Cristianismo posiblemente pura y natural, a la que, curiosamente, deno...

Santo Estevo de Ribas de Sil

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V isto en la distancia, el monasterio de Santo Estevo de Rivas de Sil, supone un poema a la Armonía. Situado a la vera del rio Sil, como un faro guardián anclado en la fantástica orografía de la Ribeira Sacra en su parte orensana, su imaginario canto de sirena atrae, fascina y a la vez sobrecoge a todo aquel que un día cuenta con la posibilidad de acercarse a él. Como en el monasterio de Montederramo, el estilo herreriano, que comenzó a imponerse durante la época de ese rey mundis , fundamentalmente católico –que por algo lo llevaban en el título sus abuelos- y obsesivo rastreador de reliquias que fue Felipe II, es el primer detalle en el que el viajero se fija, apenas situado frente a sus imponentes portadas. La primigenia candidez románica de la época del Abad Franquila continúa estando allí, aunque voluntariosamente transformada por el tiempo y las circunstancias históricas añadidas; de manera, que poco recuerda a aquél primitivo cenobio del siglo X –que recogió y unificó unos...

Montederramo: Arte y Simbolismo

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C uenta la Historia, que no la leyenda a que tan aficionados nos tiene esta portentosa terra meiga , que fueron gentes de Montederramo, al mando del Conde de Noreña quienes, allá por el año de 1809, hicieron retroceder a los invasores franceses hacia Castilla. Y que éstos, sin importarles los cerca de mil años de Historia -quizás porque, al contrario que con las pirámides de Egipto, allí no estuvo personalmente Napoleón para recordárselo-, saquearon el monasterio, asesinando al abad y a los ocho monjes residentes, haciendo lo mismo en San Clodio y Castro Caldelas. Difícil resulta, por tanto, imaginar qué obras de Arte irreemplazables no destruyeron en el lugar y cuántas, para compensar, no se llevaron consigo, satisfaciendo sus instintos de venganza y rapiña. En realidad, y si hemos de ser justos con la memoria histórica -en la que España, al fin y al cabo, tampoco sale de rositas, como probablemente se recordará en los Países Bajos y en las Américas-, de tales actos de barbarie...

Monasterio de Santa María de Montederramo

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C omo ocurre con muchos otros monasterios de la Rovoyra Sacrata (1), la visión de un lugar, como puede ser este de Santa María de Montederramo, produce un cúmulo alternativo de sensaciones, que van desde la más profunda admiración, hasta la más persistente de las congojas. Admiración, evidentemente, porque es difícil no intentar remontarse a sus orígenes y evitar sentir vértigo frente al planteamiento de cómo pudo realizarse una obra tan perfecta, tan inconmensurable, con la precariedad y los aparentemente rudimentarios medios empleados en su construcción. Y una congoja infinita, desde luego, por ser testigo de que precisamente la mayor parte de esa perfección, de esa grandeza románica original -entiéndase, como ese conjunto indisoluble de proporción, peso, equilibrio, medida y armonía cuando menos-, se perdió irremediablemente a lo largo de los avatares de una larga historia en la que sucesivas demoliciones, guerras, cambios de parecer, adecuación a nuevos estilos y gustos arquit...

Monasterios de la Ribera Sacra

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U n nuevo año comienza, y con él, comienzan también nuevos proyectos, nuevas rutas y múltiples expectativas, que han de discurrir por caminos misteriosos; caminos que tal vez no sean infinitos, pero que pueden llegar a parecerlo, si tenemos en cuenta la gran cantidad de Historia, de Arte, de Cultura y de Belleza que ocultan. Caminos que discurren por áridos senderos rurales; por la suave placidez de valles; por lo más recóndito de bosques y montes; por escarpados picachos, e incluso a la vera de ríos cuyo generoso caudal semeja ese deseo natural de llegar a ser el mar que vislumbran al final de su camino. Por caminos así, se desenvuelve la ruta que os propongo para este comienzo de año. Una ruta que recorre, si bien no completa, sí al menos una cumplida parte de los monasterios que conforman una zona muy especial de las provincias de Lugo y Orense. A la vera de los ríos Sil y Miño, o situados más al interior, comunidades humanas de diversa índole, condición y línea de pensa...

Claustros, donde el Silencio es Oro

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D espués de los tradicionales conciertos de Navidad y de Año Nuevo, que marcan esa bienvenida generalizada al solsticio de invierno, el espíritu busca, o mejor aún, ansía esa cura de silencio que equilibre los platillos de una balanza anímica en la que generalmente se desenvuelven el exceso y la mesura. Y no hay mejor lugar para conseguirlo, que en los claustros de los antiguos monasterios; precisamente allí donde, después de todo, el Silencio es Oro. En activo, o por el contrario, arruinados por el abandono o el olvido, los claustros no dejan de ser, al fin y al cabo, imaginarios tableros mágicos que guardan un centro primordial, donde el espíritu humano participa, o mejor dicho, se inmiscuye en la siempre fascinante aventura del símbolo. Lejos de las leyes ambivalentes del azar, el claustro participa, ya desde el supremo poder del número, en una magia matemática que tiende siempre a la perfección. Cuatro son los lados que conforman un tablero perfecto; lados que se expanden hacia...