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Misterios de Ávila: la Soterraña

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Los que pertenecemos a esa generación cuya mirada, como el sol cada atardecer, se dirige hacia las misteriosas aguas del ocaso, allá, en ese lugar sublime del Finisterre, donde el peregrino se reencuentra simbólicamente son sus antepasados, siempre la hemos cantado en nuestros corros y juegos infantiles. Sencilla e su letra e inconscientes de su auténtico significado, la figura de la Virgen de la Cueva siempre ha estado asociada a unos ritos de la fertilidad, que convertían a la lluvia en la simiente del Dios Padre Cielo, que fertilizaba puntualmente a su consorte, la Diosa Madre Tierra. De ahí la plegaria del labrador, heredada de la mitología, que reivindicaba aquello de ‘que llueva, que llueva, Virgen de la Cueva’, convenientemente cristianizada con el ulterior estribillo: ‘los angelitos cantan, las nubes se levantan’ y el posterior ‘Amén’, que generalmente en la barriada donde me crié, se sustituía –quién sabe, si por el socialismo imperante en un barrio eminentemente humilde, fren...

Fragmentos de la España visigoda: la ermita de Santa Lucía del Trampal

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  No he penetrado todavía en Extremadura, al menos con la intensidad y la regularidad que hubiera deseado y que requiere una comunidad de sus características, con tanta riqueza natural e histórica, aprisionada –como lo oyen- en grandes latifundios o fincas privadas, donde cualquier intento por introducirse y arañar algún interesante vestigio, cuando no imprescindible rescoldo de las brasas de un rico pasado, está complemente prohibido, y por lo tanto, condenado al fracaso. De hecho, este espléndido cenobio de orígenes y constitución eminentemente visigodos –del que pretendo hacerles de cicerone, siquiera sea brevemente- estuvo durante muchos años en tal situación, circunstancia que derivó en el poco, escaso o nulo cuidado, perdiéndose buena parte de su primitiva originalidad, en Dios sabe qué cantidad de casas y cercados colindantes. Y aun así, pueden creerlo, provoca una emoción especial pasear por su entorno –donde los campos de olivos protegen parte de sus antiguas y desperdig...

El psicológico encanto de los Bestiarios medievales

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Algo definitivamente brillante debía de poseer el espíritu medieval, para que grandes psicólogos e ilustres literatos los tomaran como base para parte de sus estudios, en un caso y de sus elocuentes ficciones en el otro. Cuando uno se planta frente a una iglesia medieval, lo primero que le llama la atención es la increíble profusión de criaturas extraordinarias que le observan fijamente desde la fría eternidad de la piedra que conforman sus capiteles y sus innumerables canecillos. De ellos, el eminente psicólogo suizo C.G. Jung, afirmaba que había que tratarlos como a pacientes. Y tenía mucha razón en su aseveración, porque esas representaciones, que a priori podemos considerar como absurdas e incluso ridículas, forman parte de esas fobias, de esos sentimientos y de esas angustias que todos llevamos dentro e incluso, en algunos casos, constituían, además, la clave para una farmacología de la época, digamos que ‘no apta para todos los públicos’. Y algo especial tendría, vuelvo a insisti...

La Lugareja de Arévalo

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N o podía faltar en este blog, una referencia a la que quizás sea, después de todo y en referencia a la práctica totalidad del conjunto castellano-leonés, la joya de la corona, por excelencia, del románico mudéjar: aquélla, que emplazada en las afueras de Arévalo, es conocida popularmente como La Lugareja. En efecto, situada aproximadamente a dos kilómetros de Arévalo, tomando la carretera comarcal que desde el mismo centro de Arévalo se dirige hacia Palacios Rubios, La Lugareja es la parte afortunada –si tal comparación es posible-, de un monumental poema de magia artístico-geométrica, que ha sobrevivido hasta nuestros días, sin duda para hacernos meditar, con el sabor amargo que tiene siempre la nostalgia, en todo aquello cuanto se ha perdido, arrastrado por ese violento cierzo destructor que se llevó de un zarpazo buena parte de la hermosura de un pasado al que el poeta francés François Villon denominaba, entre hipos y suspiros, las nieves de antaño . Sus orígenes, si bien incie...

Sueño mudéjar de una mañana de invierno

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E scarcha en las manos y cielos que al amanecer se convierten en pétalos de rosa; piedra y ladrillo que se transmutan en ocres filosofales al ser alcanzados por los primeros rayos del sol; sutileza y elegancia; sencillez, silencio y olvido: la herencia mudéjar de la Vieja Castilla.

Arévalo: iglesia de Santo Domingo de Silos

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‘Notable obra, que se atribuye, aunque sin confirmar, a Pedro de Salamanca (bastante activo en Arévalo, por lo que se ve), es el Cristo ‘verde’ al que acompaña una Dolorosa. No sólo se puede especular con ese necrófilo realismo del cuerpo muerto, que realmente impresiona, sino también con el detalle de que ese color, el verde, suele estar asociado con la figura de la Diosa. Recordemos al respecto, que a las antiguas Maters se las encendían velas precisamente de ese color. Se encuentra situado en uno de los retablos laterales de la iglesia de Santo Domingo de Silos, en Arévalo. Templo visitable, por cierto, y donde se recomienda proveerse de monedas de 50 céntimos para iluminar parte de la nave y los retablos’. [Cuaderno de Notas del Caminante, Arévalo, 28 de diciembre de 2016] S ituada a escasos metros de la iglesia del Salvador, pero en el fondo, como aquélla, lamentablemente muy reformada, no es de extrañar que en lo referente a ésta iglesia de Santo Domingo de Silos, ll...

Arévalo: iglesia de San Martín

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'Situada en la Plaza de la Villa, a escasos metros de la iglesia de Santa María la Mayor. Enfrente, hay una curiosa fuente, gótica y de planta octogonal, conocida como la Fuente de los Cuatro Caños, muy similar a la que se puede apreciar, así mismo, en los jardines del convento de San Antonio, en La Cabrera. Por detrás de la iglesia discurre la carretera del cementerio. No es visitable. Sin embargo, exteriormente, tiene sus singularidades: dispone de dos espléndidas torres y, por su galería porticada, donde todavía sobreviven algunos capiteles románicos, se podría considerar un híbrido de la piedra y el ladrillo. Aunque muy desgastados, algunos de esos capiteles podrían compararse con el vecino románico segoviano, donde se pueden citar, como ejemplo, los chivos afrontados, elaborados con un estilo muy similar al desplegado por los canteros que levantaron la iglesia de la Asunción, en Duratón, Sepúlveda. Siguiendo esa calle (Ignacio de Loyola), está la iglesia en ruinas y actual...